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lunes, 2 de junio de 2014

Socialismo Real

Construcción del Socialismo Real




La URSS (Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas), un mosaico de 17 repúblicas federales autónomas y la mayor extensión territorial de esa época, fue el primer país que evidenció el funcionamiento del socialismo, a partir de la destitución de los zares en febrero de 1917, y la revolución de los bolcheviques en octubre de ese año, y luego, liderada la URSS por Vladimir Ilich Lenin hasta 1921 (1870-1924).

 Las etapas: 

a)Comunismo de guerra (1917-1921). Caracterizada por una relativa anarquía. Nacionalización de todos los medios de producción, improvisación revolucionaria, convulsiones de todo tipo –entre ellos levantamiento de marinos de Kronshtadt- que termina en una situación de hambre, escasez y epidemias, por extenuación del sistema productivo y de la desastrosa cosecha de 1921. 

b)Formulación de una “Nueva Política Económica” (NEP, 1921-1927), basada en un intento de conciliación con ciertas formas de “pequeño capitalismo”. Con aceptación de un alto grado de economía mixta, supresión del monopolio del comercio interior, aceptación del surgimiento de una clase de comerciantes, reforma monetaria y otorgamiento de concesiones al capital extranjero. 
El período 1922-1953 es conducido por Iósiv Stalin, que cambió la NEP leninista por una economía planificada, basada en planes quinquenales destinados a industrializar una nación agraria, vasta e inabarcable. La colectivización de la economía rural, resistida por el campesinado, costó una hambruna que mató a millones de personas en los años 30, y otros fueron deportados y condenados a trabajos forzados en la Siberia. 

c)Primer Plan Quinquenal (1928-1932), con una colectivización integral y forzosa de las explotaciones agrícolas; y la liquidación de la NEP con la subordinación de toda la economía a la propiedad del Estado (incluida la agricultura) y en el marco de una verdadera planificación central. El control del partido comunista en las áreas rurales, aseguro la utilización de los precios agrícolas –bajos para los agricultores y altos para el consumo- como base para la acumulación socialista y el progreso de la industrialización y la electrificación. 

d)Segundo Plan Quinquenal (1933-1937) fue cumplido en mayor grado que el primero, con una férrea disciplina del estalinismo. Los progresos en materia económica (se duplicó la producción nacional entre 1932 y 1937), en educación y formación y técnica fueron espectaculares.
Cabe mencionar algunos logros significativos en ambos planes quinquenales. En el período 1928-1937 la producción industrial tuvo un crecimiento promedio anual del 15%, y la productividad del trabajo industrial se elevó en un 80% (6% anual promedio), tasa jamás alcanzada por ninguna nación, hasta entones. 

e)La invasión alemana en junio de 1941 interrumpe la realización del Tercer Plan Quinquenal (1938-1942). 

f)Cuarto Plan Quinquenal (1945-1949). Conseguida la victoria militar, las tareas de reconstrucción fueron
 impresionantes –jornadas largas de trabajo y privación de medios de consumo-, con acuerdos comerciales con aliados socialistas de la URSS, así como la creación de sociedades mixtas con participación soviética en los demás países comunistas europeos. 

g)Quinto Plan Quinquenal (1950-1954), con idéntico ritmo en el crecimiento económico, y coincide con los últimos años de Stalin. En estos años, la producción industrial soviética representaba el 35% de la producción de los EE.UU. 

Los períodos de Nikita Krushov (1954-1964) y Breznev (1964-1982) coinciden con los momentos más álgidos de la guerra fría entre este y oeste. Los hechos económicos más relevantes durante la era Krushov: 

  • Política agraria. Por necesidades de abastecimiento alimenticio, expansión de la frontera agrícola en 41 millones de hectáreas, lo que significó un aporte adicional vital a la producción de cereales, aunque con consecuencia de fuerte erosión para las praderas originales.
  • Menor intervención centralizada en la agricultura y mejor dotación de equipamiento para las explotaciones agrícolas.
  • Política económica y tecnológica. Descentralización de la organización industrial estatal, con creación de consejos económicos regionales, aunque luego de 1965 fueron liquidados. Por otra parte, hasta 1967, la URSS se mantuvo por delante de EE.UU. en la carrera espacial. En esta época, la producción industrial de la URSS se estima en alrededor del 75% de la de los EE.UU., mientras que en el plano de la productividad se calcula alcanzaba un 45% de la productividad norteamericana.
  • Política exterior. Apoya la revolución Cubana, lo que origina la famosa “crisis de los misiles” en 1962. Asimismo. En 1960, a propuesta de la URSS, la ONU aprueba la descolonización de todos los pueblos del mundo todavía dependientes. Con el deterioro de las relaciones URSS-China y con el COMECON (unión económica socialista) no pudo llegar nunca a la creación de instrumentos propios de una Economía Socialista multinacional integrada.
h)Entre 1950 y 1970, el socialismo, en un primer momento, obtuvo un relativo éxito contra las manifestaciones del subdesarrollo en países del Tercer Mundo. 

i)La política emprendida desde 1965 de una mayor autonomía de las empresas; una mejor organización industrial a base de un control de costos y beneficios; estímulos más apropiados para aumentar la productividad laboral; la incorporación de fertilizantes en la agricultura; y otras medidas, no obtuvieron los resultados deseados. 

j)Desde 1970, el socialismo real fue objeto de numerosas críticas, incluso dentro de la propia URSS. Y hacia 1985 no se daban aquellas condiciones que sirvieran como alternativa al sistema capitalista imperante en el mundo occidental, y los países socialistas fueron perdiendo su mística e impulso revolucionario. 












informe


10 grandes logros del comunismo en la URSS


A raíz de ver en twitter un hastagh llamado #CulpaDelComunismo me he animado a escribir otra vez, hoy os voy a hablar de los logros de la Unión Soviética en sus 74 años de historia, estamos acostumbrados a oír que la URSS exterminó a su propia población, al muro de Berlín, a Praga del 68, a Afganistán... y a parte de que estos hechos nos los muestran de forma sesgada y manipulada, los medios ni los divulgadores nos hablan nunca de los incontables logros que consiguió la URSS.

Empecemos:

1º Fue el primer estado en la historia de la humanidad en acabar con el hambre gracias a la colectivización de la tierra, muchos países muy avanzados hoy en día (como EEUU), no han podido acabar con esa lacra (o no han querido).


Fue el estado que soporto la mayor carga en la segunda guerra mundial al derrotar al ejército nazi, según los analistas militares el 70% del ejército nazi fue derrotado en el frente oriental, unos 24 millones de soviéticos murieron en la mayor guerra de la historia para acabar con Hitler y con su ideología genocida. Sin embargo, hoy en día nos siguen mostrando como es EEUU el vencedor de esa guerra, gracias en parte a la hegemonía que ha conseguido Hollywood en el pensamiento colectivo.



La URSS lideró la campaña mundial para erradicar la viruela en el mundo, una enfermedad que se llevaba millones de vidas al año sobre todo el los países del tercer mundo, en las antiguas colonias de los estados capitalistas. Se trataron 15 millones de casos de viruela en 31 países, erradicando así la enfermedad, hoy en día existe el peligro latente para que vuelva a propagarse masivamente. (Artículo muy interesante que habla sobre el tema 
http://lapizarradeyuri.blogspot.com.es/2010/06/viruela-cuando-la-mano-del-hombre-fue.html)
(Viktor Zhdanov, el ministro soviético que inició la campaña contra la viruela)


La seguridad social soviética; este punto (comos los 3 anteriores) necesitaría una entrada entera, simplemente os voy a resumir unos cuantos puntos de lo que fue, la primera seguridad social de la historia, nacida de la constitución soviética de 1936.

-Jornada laboral de 7 horas, 6 para especialistas.
-Sistema de pensiones para ancianos e inválidos. Jubilación a los 60 años (para hombres) a los 55 para las mujeres, en trabajos duros (minería, industria pesada...) podía rebajarse a los 50. Para recibir la pensión completa había que trabajar entre 20 y 25 años.
-Baja por maternidad, desde el inicio del embarazo, y un año tras el parto, unos 20 meses en total.
-Baja por enfermedad: 100% del sueldo.
-Un mes de vacaciones pagadas por el estado.

Estos son los puntos más impactantes de la seguridad social soviética, que tras más de 70 años de su aprobación parece inalcanzable para los países capitalistas.


El primer sistema sanitario gratuito y universal, que elevó la esperanza de vida de los soviéticos, de menos de 40 años en 1917, a llegar a los niveles de occidente en los 80 (70 años). Los logros de la erradicación del hambre y del sistema sanitario se pueden comparar igualmente con la estatura media de los soviéticos, en 1917 1.60m en los 80 casi 1.80m. Este sistema sanitario descubrió el parto sin dolor y realizó los primeros trasplantes de órganos.



El primer sistema educativo totalmente público y gratuito, que alcanzó las mayores tasas de alfabetización de la historia en las 15 repúblicas soviéticas. Además, los colegios soviéticos ofrecían gratuitamente alimentación para los alumnos, por lo que la conciliación laboral-familiar se hacía mucho más fácil que hoy en día en los países capitalistas. Además las guarderías también eran gratuitas.



El gran logro económico que consiguió la URSS, según varios analistas políticos ha sido el crecimiento económico mayor en la historia de la humanidad, consiguiendo situar a una Rusia retrasada y feudal, en una superpotencia económica, que además, mejoró notablemente la vida de sus ciudadanos. Churchill inmortalizaría esta gesta con su popular frase: "Cogió a una Rusia con arados y la dejó equipada con la bomba atómica" refiriéndose a Stalin.


Carrera espacial, este es de especial importancia ya que consiguió llegar al nivel tecnológico de EEUU -y superarlo- en 40 años, habiendo salido del feudalismo y sin capacidad tecnológica, la URSS fue el primer país en enviar un satélite al espacio -Sputnik-, el primer ser vivo al espacio -La perra Laika-, el primer hombre en el espacio -Yuri Gagarin- y la primera mujer en el espacio -Valentina Tereshkova-. Sin embargo en el imaginario colectivo nos ha quedado que esta carrera la ganaron los americanos, al ser los primeros en llegar a la Luna.

(Yuri Gagarin)

Cultura popular. La URSS fue el país donde la cultura llegó a sus máximos niveles de expresión. La URSS era el país donde más periódicos se leían y vendían, donde más libros se vendía (también los más baratos), el país donde más conciertos musicales se celebraban. Era un país donde las masas de obreros acudían a la ópera, donde más teatros, salas de cine y edificios culturales existían.

10º Consiguió que la mujer tuviera los mismos derechos que el hombre, el mismo sueldo, las mismas posibilidades laborales, las mismas oportunidad para alcanzar cargos públicos... La URSS consiguió una igualdad plena entre hombres y mujeres.



He querido dejarlo en 10, pero cabrían muchos más, los bienes básicos, así como luz o agua, eran prácticamente gratis, así como la vivienda. Los vehículos si que eran más difíciles de conseguir, pero existía una red de transporte público que cubría la vastísima extensión de la URSS de buena manera, el transporte público en los centros urbanos era gratuito y de una calidad no superada por occidente. También serían destacables los logros deportivos de la URSS, tanto a nivel interno (país con mayor porcentaje de deportistas amateur) como en los JJOO, como ya analizamos en otra entrada anterior. Por no hablar de la solidaridad de la URSS con los países del 3er mundo colonizados, muchos de ellos lograron la independencia gracias a las ayudas soviéticas, así como solidaridad con las naciones agredidas por el fascismo, como el caso español, donde la URSS -junto a México- fue el único estado que apoyo al gobierno legítimo contra el fascismo.
 
 

Comuna de París

Destrucción de la Columna Vendôme durante la Comuna de París.
La Comuna de París (en francés: La Commune de Paris) fue un breve movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, instaurando un proyecto político popular autogestionario que para algunos autores se asemejó al anarquismo o al comunismo.
Tras la derrota y derrumbe del gobierno imperial de Napoleón III en la Guerra Franco-Prusiana (1870–71), París fue sometida a un sitio de más de cuatro meses (19 de septiembre de 1870 – 28 de enero de 1871), que culminó con la entrada triunfal de los prusianos -que se retiraron de inmediato- y la proclamación imperial de Guillermo I de Alemania en el Palacio de Versalles.
Debido a que París no aceptaba rendirse, la nueva Asamblea Nacional y el gobierno provisional de la República, presidido por Adolphe Thiers, prefirieron instalarse en Versalles y desde ahí doblegar a la población rebelde. El vacío de poder en París provocó que la milicia ciudadana, la Guardia Nacional Francesa, se hiciera de forma efectiva con el poder a fin de asegurar la continuidad del funcionamiento de la administración de la ciudad. Se beneficiaron del apoyo y de la participación activa de la población obrera descontenta, del radicalismo político muy extendido en la capital que exigía una república democrática, y de la oposición a la más que probable restauración de la Monarquía borbónica. Al intentar el gobierno arrebatarles el control de las baterías de cañones que habían sido compradas por los parisinos por suscripción popular para defender la ciudad, estos se alzaron en armas. Ante esta rebelión, Thiers ordenó a los empleados de la administración evacuar la capital, y la Guardia Nacional convocó elecciones para el consejo municipal que fue copado por radicales republicanos y socialistas.
La Comuna (el término commune designaba y aún designa al ayuntamiento) gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas. Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, el asalto final al casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada Semana Sangrienta (Semaine sanglante) del 21 al 28 de mayo. El balance final fue de unos 30.000 muertos y el sometimiento de París a la ley marcial durante cinco años.
Ya que los sucesos de la Comuna de París tuvieron lugar antes del cisma entre anarquistas y marxistas, ambos movimientos políticos la consideran como propia y la celebran como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de Europa occidental. Marx la describió como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en la que el Estado es tomado por el proletariado, a lo que Bakunin respondió que –al no depender de una vanguardia organizada y no haber arrebatado el poder al Estado francés o intentado crear un estado revolucionario– la comuna parisina era anarquista.

Trasfondo

18 de marzo 1871: El pueblo insurrecto se hace con los cañones del ejército situados en Montmartre (Recreación actual).
La revolución puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, que había asegurado la defensa de la ciudad durante la guerra, mientras el Gobierno de Defensa Nacional dirigido por Adolphe Thiers se encontraba refugiado en Burdeos. La comuna fue posible gracias a un levantamiento popular de todas las tendencias republicanas dentro de París después de que la Guerra Franco-prusiana terminase con Francia derrotada.1 La guerra con Prusia, comenzada por Napoleón III («Louis Napoleón Bonaparte») en julio de 1870, se desarrolló desastrosamente para Francia, y en septiembre del mismo año tras la derrota en la Batalla de Sedán, los diputados republicanos derrocaron el Imperio y proclamaron la República.2 Días después París quedó bajo el asedio del ejército enemigo.
La escasez de comida, sumada al constante bombardeo prusiano, llevó a un descontento general. Desde la revolución de 1848 la población se había vuelto cada vez más receptiva a ideas republicanas más radicales. Una demanda específica fue la de que París debía poseer un gobierno autónomo, con una comuna elegida por la propia población, algo que ya disfrutaban la mayor parte de las ciudades francesas, pero que era negado a París por un gobierno temeroso de la indócil población de la capital. Un deseo más vago pero también relacionado fue el de un sistema de gestión de la economía más justo, si no necesariamente un sistema socialista, resumido en el grito popular de «la république démocratique et sociale!».
En enero de 1871, cuando ya habían transcurrido 4 meses de asedio, Louis-Adolphe Thiers, futuro jefe ejecutivo (más tarde presidente) de la Tercera República Francesa,1 buscó un armisticio que fue firmado el día 26 en el Palacio de Versalles, a la espera de que se lograran acuerdos de paz definitivos.3 El Canciller Otto von Bismarck, que se había instalado en Versalles, representaba al emperador de Alemania: exigió para París la rendición de las plazas fuertes de las fortificaciones que rodeaban la capital, el desarme de los soldados que aseguraban la defensa de la capital, la posibilidad de entrar en París y el pago de un rescate de 200 millones de francos.
Por aquel tiempo más de 200.000 parisinos eran miembros armados de la «Guardia Nacional», una milicia de ciudadanos dedicada al mantenimiento del orden público en tiempos de paz, pero que desde septiembre de 1870 se había expandido mucho (de 60 a 254 batallones) para ayudar a defender la ciudad. Los batallones elegían a sus propios oficiales y poseían algunos cañones que habían sido fabricados en París y pagados por suscripción pública. La ciudad y su Guardia Nacional habían resistido el ataque de las tropas prusianas durante seis meses, por lo que la población de París consideraba humillante tanto la rendición como la ocupación.
En el mes de febrero, 2000 delegados de la federación de los batallones de la Guardia Nacional eligieron un «Comité Central» que votó nuevos estatutos para reorganizar la Guardia y aprobó que no se dejarían desarmar por el gobierno, llamando a las principales ciudades francesas a que les imitaran. Las tropas prusianas tenían previsto entrar simbólicamente en París el 1 de marzo, dejando a Thiers que se encargara de la rendición de la capital. La víspera, el 28 de febrero, el comité de la Guardia Nacional mandó pegar en todo París el «Cartel negro» (Affiche noire), un cartel bordeado de negro en señal de luto recomendando a los parisinos que no salieran de sus casas y evitaran todo altercado o manifestación. El día 1 de marzo el ejército prusiano desfiló en una ciudad desierta, limitándose a los distritos XVI, XVII y VIII. La abandonaron el mismo día sin ningún incidente.
Días antes de que los prusianos entraran en París, la Guardia Nacional, ayudada por civiles, había puesto los cañones (que consideraban de su propiedad) a salvo de los prusianos y los había almacenado en distritos seguros situados en las colinas de Montmartre y Belleville, en los límites de la ciudad. El principal «parque de cañones» estaba en las alturas de Montmartre.
Mientras tanto las elecciones legislativas del 8 de febrero, destinadas a sustituir el Gobierno de Defensa Nacional, habían dado a la Asamblea Nacional una mayoría monárquica (dividida entre legitimistas y orleanistas) seguida de los republicanos conservadores, todos partidarios de firmar la paz. En París, el voto fue mayoritariamente republicano radical, encabezando las listas de diputados Louis Blanc, Víctor Hugo, Léon Gambetta y Giuseppe Garibaldi. Por el Pacto de Burdeos, Thiers aseguró a la Asamblea que su gobierno se iba a dedicar a levantar el país, y que de momento no se plantearía el tipo de régimen a adoptar para Francia, dejando de lado la instauración de la República a petición de los monárquicos, bonapartistas y representantes de la alta burguesía.4

El alzamiento y naturaleza de la Comuna

Batería prusiana en Aubervilliers, apuntando a París.
Guardias nacionales en una barricada de Belleville, el 18 de marzo de 1871.

Instauración de la Comuna

Pero París continuaba cercada mientras el problema de las indemnizaciones de la guerra afectaba gravemente a la población. El 3 de marzo una asamblea de los delegados de la Guardia Nacional eligió un Comité ejecutivo provisional de 32 miembros que prometió defender la República.5 El mismo día el gobierno de Thiers nombró comandante jefe de la Guardia Nacional al general monárquico Louis d'Aurelle de Paladines, que había apoyado militarmente el golpe de Estado de Napoleón III del 2 de diciembre de 1852.6 Ante lo que se interpretaba como una provocación, la prensa y el pueblo protestaron7 y el Comité Central lo rechazó y lo ignoró.8 El 10 de marzo, la Asamblea Legislativa y el gobierno se trasladaron de Burdeos a Versalles, pero Thiers decidió residir en París.
Las primeras medidas aprobadas por la nueva Asamblea confirmaron las inquietudes de la población, recordándoles las medidas impopulares impulsadas por Thiers durante la II República en 1848: el 10 de marzo suprime la moratoria sobre letras de pago, alquileres y deudas que han de pagarse casi inmediatamente, lo que aboca en París a 300.000 obreros, pequeños talleres y tiendas a la quiebra.9 Suprime el salario de los guardias nacionales, dejando a miles de familias sin recursos.10 El general Vinoy, recién nombrado comandante jefe del ejército en París, prohíbe seis periódicos republicanos, de los que 4 tenían cada uno una tirada de más de 200.000 ejemplares11 y manda condenar a muerte en ausencia a Gustave Flourens y Auguste Blanqui por su participación en la revuelta de octubre de 1870.12
Al mismo tiempo que el Comité Central de la Guardia Nacional estaba adoptando una posición cada vez más radical y ganando firmemente autoridad, el gobierno no podía permitirle indefinidamente tener 400 cañones y ametralladoras a su disposición. Y así, como primer paso, al alba del 18 de marzo Thiers ordenó a sus tropas tomar los cañones almacenados en los altos de Montmartre, Belleville y en el Parque des Buttes-Chaumont.13 En Belleville y en Montmartre, los residentes avisados a toque de campana se precipitaron para interponerse, mujeres a la cabeza: en vez de seguir las instrucciones, los soldados fraternizaron con la Guardia Nacional y la población. En Montmartre, cuando su general, Claude Martin Lecomte, les ordenó disparar a una muchedumbre desarmada, le apearon de su caballo. En contra de la opinión de los miembros del comité del distrito, fue fusilado en el mismo barrio junto con el General Clément Thomas, un antiguo comandante de la Guardia Nacional, responsable de la represión durante la rebelión popular en junio de 1848.14 El 18 de marzo marca oficialmente el inicio del gobierno de la Comuna.
Otras unidades armadas se unieron a la rebelión, que se esparció tan rápidamente que el Jefe del ejecutivo Thiers ordenó la evacuación inmediata de París de las fuerzas regulares que aún le seguían siendo leales, tales como la policía y los empleados de todas las administraciones públicas. Él mismo huyó, a la cabeza de sus hombres, a Versalles.15 Según Thiers, 100.000 parisinos abandonaron la capital. En los días siguientes, la mayoría de los habitantes de los barrios residenciales del oeste de París (el XVI y el XVII), tradicionalmente conservadores, se refugiaron en Versalles. El Comité Central de la guardia nacional era ahora el único gobierno efectivo en París: casi inmediatamente renunció a su autoridad y organizó elecciones para una comuna, propuestas para el 26 de marzo.16
La Comuna de París fue constituida el 28 de marzo. Los 92 miembros del «Consejo Comunal» incluían obreros, artesanos, pequeños comerciantes, profesionales (tales como médicos y periodistas), y un gran número de políticos. Abarcaban todas las tendencias republicanas: desde republicanos reformistas y moderados, socialistas, anarquistas, proudhonianos, blanquistas e independientes, hasta jacobinos que tendían a mirar nostálgicamente la Revolución francesa. El socialista Auguste Blanqui fue elegido presidente del Consejo, pero esto ocurrió en su ausencia ya que había sido arrestado el 17 de marzo y estuvo retenido en una prisión secreta durante la vida de la Comuna.

Medidas adoptadas por la Comuna

La comuna regresa las herramientas empeñadas a los trabajadores durante el asedio.
A pesar de las diferencias internas, el Consejo tuvo un buen comienzo al mantener los servicios públicos esenciales para una ciudad de dos millones de habitantes; también fue capaz de alcanzar un consenso sobre ciertas políticas que tendían hacia una democracia social progresista más que a una revolución social. Debido a la falta de tiempo (la Comuna pudo reunirse menos de 60 días en total) sólo unos pocos decretos fueron implementados. Estos incluían: remisión de las rentas, que habían sido aumentadas considerablemente por caseros, hasta que se terminase el asedio; la abolición del trabajo nocturno en los cientos de panaderías de París; la abolición de la guillotina; la concesión de pensiones para las viudas de los miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio, así también como para sus hijos; la devolución gratuita de todas las herramientas de los trabajadores, a través de las casas de empeño estatales; se pospusieron las obligaciones de deudas y se abolieron los intereses en las deudas; y, alejándose de los estrictos principios reformistas, el derecho de los empleados a tomar el control de una empresa si fuese abandonada por su dueño.17 18
El Consejo terminó con el alistamiento y reemplazó el ejército convencional con una Guardia Nacional de todos los ciudadanos que podían portar armas. La legislación propuesta separaba la iglesia del estado, hacía que todas las propiedades de la iglesia pasaran a ser propiedad estatal, y excluía la religión de las escuelas. Se les permitió a las iglesias seguir con su actividad religiosa sólo si mantenían sus puertas abiertas al público por la tarde para que se realizasen reuniones políticas. Esto hizo de las iglesias el principal centro político participativo de la Comuna. Otra legislación proyectada trataba de reformas educativas que permitirían que la educación y la práctica técnica fueran disponibles para todo el mundo.
La Comuna adoptó durante su breve existencia el anteriormente descartado Calendario de la I República Francesa, así como la bandera roja en vez de la tricolor.
La carga de trabajo fue facilitada por varios factores, aunque se esperaba de los miembros del Consejo (que no eran «representantes» sino «delegados» y podían ser inmediatamente cambiados por sus electores) que realizasen algunas funciones ejecutivas aparte de las legislativas. Las numerosas organizaciones ad hoc establecidas durante el asedio en los barrios («quartiers») para satisfacer las necesidades sociales (cantinas, estaciones de primeros auxilios, etc.) continuaron creciendo y cooperando con la Comuna.
Al mismo tiempo, estas asambleas locales perseguían sus propias metas, normalmente bajo la dirección de trabajadores locales. A pesar del reformismo formal del Consejo de la Comuna en su conjunto, la actuación comunal era mucho más revolucionaria. Las tendencias revolucionarias predominantes incluían anarquistas, blanquistas, jacobinos e independientes. La Comuna de París ha sido celebrada por anarquistas y socialistas marxistas continuamente hasta la actualidad, en parte debido a la variedad de tendencias, el alto grado de control por parte de los trabajadores y la notable cooperación entre los diferentes bandos revolucionarios.
En el IIIe arrondissement, por ejemplo, se proporcionó material escolar gratuitamente, tres escuelas se transformaron en entidades laicas y se estableció un orfanato. En el XXe arrondissement, se proporcionó a los escolares ropa y comida gratuita. Existieron muchos casos más de este tipo. Pero un ingrediente vital en el relativo éxito de la Comuna en su etapa fue la iniciativa mostrada por trabajadores sencillos en el dominio público, que se las arreglaron para tomar las responsabilidades de los administradores y especialistas removidos por Thiers.
Friedrich Engels, el más cercano colaborador de Marx, mantendría después que la ausencia de un ejército fijo, las políticas autónomas de los «quartiers» y otras características tuvieron como consecuencia que la Comuna no fuese como un Estado en el sentido represivo del término: era una forma de transición en dirección de la abolición del Estado como tal. Su posible desarrollo futuro, sin embargo, seguiría siendo una pregunta teórica: después de solo una semana fue atacada por elementos del nuevo ejército (que incluía antiguos prisioneros de guerra liberados por los prusianos) creado rápidamente en Versalles.

El asalto y la represión

La Comuna fue asaltada desde el 2 de abril por las fuerzas del gobierno del ejército de Versalles y la ciudad fue bombardeada constantemente. La ventaja del gobierno era tal que desde mediados de abril negaron la posibilidad de negociaciones.
La zona exterior de Courbevoie fue capturada, y un intento retrasado de las fuerzas de la Comuna para marchar sobre Versalles fracasó ignominiosamente. La defensa y la supervivencia se transformaron en las principales consideraciones. Las mujeres de la clase trabajadora de París servían en la Guardia Nacional e incluso formaron su propio batallón, con el que más tarde pelearon para defender el Palacio Blanche, pieza fundamental para Montmartre. (Es importante también señalar que incluso bajo el gobierno de la Comuna las mujeres aún no tenían derecho a voto, ni tampoco existían miembros femeninos en el Concilio.)
Una gran ayuda también vino desde la comunidad extranjera de refugiados y exiliados políticos en París: uno de ellos, el polaco ex-oficial y nacionalista Jaroslaw Dombrowski, se convirtió en general destacado de la Comuna. El Concilio estaba influenciado por el internacionalismo, por lo que la Columna Vendôme, que celebraba las victorias de Napoleón I y era considerada por la Comuna como un monumento al chovinismo, fue derribada.
En el extranjero, había reuniones y mensajes de buena voluntad enviados por sindicatos y organizaciones socialistas, incluyendo algunos en Alemania. Pero las esperanzas de obtener ayuda concreta de otras ciudades de Francia fueron pronto abandonadas. Thiers y sus ministros en Versalles se las arreglaron para evitar que saliera de París casi toda la información; y en los sectores provinciales y rurales de Francia había siempre existido una actitud escéptica hacia las actividades de la metrópolis. Los movimientos en Narbonne, Limoges y Marsella fueron rápidamente aplastados.
Mientras la situación se deterioraba, una sección del Concilio ganó una votación (a la que se oponía Eugène Varlin —un corresponsal de Carlos Marx— y otros moderados) para crear un «Comité de Salvación Pública», modelado a imagen del órgano jacobino del mismo nombre formado en 1792. Sus poderes eran extensos. Pero ya casi había pasado la hora en la que una autoridad central fuerte podía haber ayudado.
Prisioneros de la comuna marchando a Versalles (extraído de una revista moderna).
Miembros de la Comuna ejecutados.
El 21 de mayo una puerta en la parte occidental de las murallas de París fue forzada y comenzó la reconquista de la ciudad por parte de las tropas de Versalles, primero ocupando los prósperos distritos occidentales donde fueron bien recibidos por los vecinos que no habían dejado París tras el armisticio.
Las fuertes lealtades locales que habían sido una característica positiva de la Comuna se convirtieron en una cierta desventaja: en lugar de una defensa planeada globalmente, cada «quartier» luchó por su supervivencia y fue derrotado cuando llegó su turno. Las redes de calles estrechas que hicieron inexpugnables distritos enteros en revoluciones anteriores habían sido en gran parte reemplazadas con anchos bulevares.2 Los de Versalles disfrutaban de un mando central y disponían de artillería moderna.
La resistencia más acérrima llegó en los distritos más de clase trabajadora del este, donde la lucha continuó durante ocho días de combates callejeros (La Semaine sanglante, la semana sangrienta). El 27 de mayo sólo quedaban unos pocos focos de resistencia, los más notables los de los más pobres distritos del este de Belleville y Ménilmontant.
Durante el asalto, las tropas del gobierno fueron responsables de la matanza de ciudadanos desarmados: se disparó a los prisioneros que estaban fuera de control y las ejecuciones múltiples fueron algo común. El 27 de mayo, para responder a las matanzas de parisinos por las tropas de Thiers, los comuneros fusilaron a 52 rehenes, entre ellos el arzobispo de París.19
A las cuatro de la tarde del día siguiente cayó la última barricada, en la rue Ramponeau de Belleville, y el mariscal MacMahon lanzó una proclama: «A los habitantes de París. El ejército francés ha venido a salvaros. ¡París está liberada! A las cuatro en punto nuestros soldados tomaron la última posición insurgente. Hoy se ha acabado la lucha. El orden, el trabajo y la seguridad volverán a nacer».
Las represalias comenzaron en serio. Se declaró un crimen haber apoyado a la Comuna en cualquier modo, de lo que se podía acusar —y se acusó— a miles de personas. Varios miles de comuneros fueron fusilados masivamente (de diez en diez) en lo que ahora se llama «El Muro de los Comuneros» en el Cementerio de Père-Lachaise mientras que otros miles de personas fueron llevados a Versalles u otras localidades en las afueras de París, para ser juzgados. Pocos comuneros escaparon, principalmente a través de las líneas prusianas hacia el norte. Durante días columnas de hombres, mujeres y niños hicieron, escoltados por militares, un camino hacia barrios o campos baldíos de Versalles convertidos en prisiones temporales o más bien en campos de concentración. Quizás sean los primeros campos de concentración que registra la Historia [cita requerida]. El gobierno arrestó a aproximadamente 40.000 personas y las persecuciones siguieron hasta 1874.19 Más tarde muchos fueron juzgados y varios condenados a muerte, aunque otros muchos fueron ejecutados sumariamente; otros fueron condenados a trabajos forzados o encarcelados en fortalezas penitenciarias en territorio francés; otros más fueron deportados temporalmente o de por vida a unos penales situados en islas francesas del Pacífico.
Nunca se ha podido establecer de manera segura el número de muertos durante la Semaine sanglante. Algunos testigos, como Prosper-Olivier Lissagaray, autor de una conocida obra sobre la Comuna, señalan que en realidad fueron dos semanas de ejecuciones. Algunas estimaciones son de entre 20.000 y 30.000 parisinos muertos en los combates o ejecutados entre el 3 de abril y el 31 de mayo,19 y muchos más heridos. Según Lissagaray y otros testigos de la época los ejecutados durante las dos semanas sangrientas que siguieron a la toma de París fueron 50.000, sin hacer distinción de edad o sexo. Varios centenares de obreras parisienses, conocidas como «petroleras», fueron también fusiladas en los muros del cementerio de Père Lachaise. Unas 7.000 personas fueron deportadas a penales improvisados en Nueva Caledonia,20 21 como fue el caso de la maestra anarquista Louise Michel. Miles de personas tuvieron que exiliarse.19 Para los presos (sólo algunos centenares) hubo una amnistía general en 1889. En total, las pérdidas del gobierno rondaron los 1000 hombres.19
París estuvo bajo la ley marcial durante cinco años.

Retrospectiva de la Comuna

Detalle del Mur des fédérés (Muro de los federados, de los comuneros), placa en honor a los muertos de la Comuna (cementerio de Père-Lachaise).
La clase acomodada de París, y la mayoría de los antiguos historiadores de la Comuna, vieron aquel hecho como un clásico ejemplo del «dominio de la muchedumbre», terrorífico y al mismo tiempo inexplicable. La mayoría de los actuales historiadores, incluso aquellos de derechas, han reconocido el valor de alguna de las reformas de la Comuna y han deplorado el salvajismo con el que fue reprimida. Sin embargo, han encontrado difícil de explicar el odio sin precedentes que la Comuna despertó en las clases medias y altas de la sociedad. Odio sin justificación contra un gobierno que además de ser grandemente pluralista, no tomó nunca medidas enérgicas contra sus enemigos. Según Lissagaray, mientras la Comuna estaba de fiesta y celebrando sus moderadas reformas, Versalles sólo pensaba en «...desangrar a París».
Por esa misma causa, en las izquierdas, hay quienes han criticado a la Comuna por mostrarse demasiado moderada, especialmente dada la situación política y militar de cerco en la que se encontraba. Carlos Marx encontró agravante que los miembros de la Comuna «perdieran valiosísimos momentos» organizando elecciones democráticas en vez de terminar de una vez por todas con Versalles. El banco nacional de Francia, ubicado en París con la reserva de millones de francos, fue dejado intacto y desprotegido por los miembros de la Comuna. Tímidamente pidieron prestado dinero del banco (que, obviamente, obtuvieron sin ninguna vacilación). Los miembros de la Comuna optaron por no coger los recursos del banco por miedo a que el mundo entero los condenara. De esta manera, se movieron grandes sumas de dinero desde París a Versalles, dinero que terminó por financiar el ejército que dio fin a la Comuna. En el momento de retirada de Thiers y sus generales y tropas, los comuneros y en particular los dirigentes de la Comuna, permitieron que la técnica militar principal de París partiera íntegra hacia Versalles en manos de la reacción, sin intervenirla. La vacilación de tomar esas armas y entregárselas al pueblo fue fatal para la Comuna. Según los socialistas radicales y comunistas, la Comuna tenía que asegurarse la ciudad y el país antes de darle una vida tan idealmente democrática.
Algunos comunistas, izquierdistas, anarquistas y otros simpatizantes han visto a la Comuna como un modelo para, o como base de una sociedad liberal, con un sistema político basado en la democracia participativa como eje de la administración. Marx y Engels, Bakunin y posteriormente Lenin y Trotsky intentaron sacar lecciones teóricas (en particular en lo que concierne a «la marchitación del Estado») desde la limitada experiencia vivida por la Comuna. El crítico Edmond de Goncourt obtuvo una lección más pragmática: tres días después de La Semaine sanglante escribió «... El derramamiento de sangre ha sido total, y un derramamiento de sangre como este, al asesinar la parte rebelde de la población, solo pospone la siguiente revolución... La vieja sociedad tiene por delante 20 años de paz...».
La Comuna de París ha sido parte de las citas de muchos líderes comunistas. Mao se refería a ella con bastante frecuencia. Lenin, junto a Marx, consideraban la Comuna un ejemplo real de la dictadura del proletariado. En su funeral su cuerpo fue envuelto en los restos de una bandera roja preservada desde la Comuna. La nave espacial Vosjod 1 portaba parte de un estandarte de la Comuna de París. También, los Bolcheviques renombraron la nave de combate Sebastopol como «Parizhskaya Kommuna» en honor a la Comuna.
¿Qué pide la Comuna?
El reconocimiento y la consolidación de la República como única forma de gobierno compatible con los derechos del pueblo y con el libre y constante desarrollo de la sociedad.
La autonomía absoluta de la Comuna, que ha de ser válida para todas las localidades de Francia y que garantice a cada municipio la inviolabilidad de sus derechos, así como a todos los franceses el pleno ejercicio de sus facultades y capacidades como seres humanos, ciudadanos y trabajadores.
La autonomía de la Comuna no tendrá más límites que el derecho de autonomía igual para todas las demás comunas adheridas al pacto, cuya alianza garantizará la Unidad francesa.
 
 

viernes, 30 de mayo de 2014

"Transición al comunismo"

Sobre el concepto de "Transición al comunismo"
El CIS dice:
<< Marx (...) insiste en que la sociedad comunista tiene dos períodos. En la primera fase - comunismo “imperfecto o grosero”- aunque las clases y el estado han desaparecido y la propiedad social se ha establecido, todavía persisten algunos aspectos de los modos de distribución burgueses. Por ejemplo, en estas fases iniciales la distribución social de los resultados del trabajo social, está basada en la cantidad de trabajo en lugar de en las necesidades sociales. Dicho de otro modo, a tantas horas de trabajo productivo, corresponderá una equivalente cantidad de valores de uso (productos del trabajo).>> (CIS: Op.Cit. El concepto de sociedad de transición)
                Decir que en la primera fase del comunismo desaparecen las clases y el Estado pero persiste el modo burgués de distribución, es una contradicción. En realidad, en el modo burgués de distribución persiste todavía la ley del valor y, por tanto, las bases económicas, sociales y políticas del capitalismo; sólo que, ahora, encarnadas en los asalariados, en la distribución desigual basada en que cada cual recibe un ingreso a cambio de su capacidad laboral individual reflejada en el tiempo de trabajo medio contenido en el producto que contribuye a crear.
Por lo tanto, la "fase inferior" del comunismo supone un cambio revolucionario tanto en la forma como en el contenido del trabajo; en la forma, porque, al desaparecer --o comenzar a desaparecer-- el mercado, desaparece o tiende a desaparecer la "forma de valor" o "valor de cambio" de las mercancías (excepto la fuerza de trabajo), determinado por las condiciones del mercado; en el contenido, como consecuencia de lo mismo, porque la cantidad de trabajo social medio contenida en la retribución que corresponde a cada trabajador se calcula directamente, no ya a instancias del mercado, de modo que con la desaparición de la forma de valor, desaparece el valor mismo de cada mercancía. Pero en tanto y cuanto subsiste el intercambio de equivalentes entre cantidad trabajo creado y trabajo retribuido, las clases desaparecen en su forma social, pero no en su contenido, sigue subsistiendo el espíritu de la mercancía, que es el caldo de cultivo del capital y de las clases. Ese caldo de cultivo no sólo está en el atraso histórico relativo de las fuerzas productivas, herencia del capitalismo, sino en el trabajador mismo, en el cual se contiene la división de la sociedad en clases, ya que unos trabajadores reclaman y reciben más que otros, producto de la aplicación de un derecho igual a individuos desiguales, como no puede ser de otra manera en este período:
<<A igual rendimiento y, por consiguiente, a igual participación en el fondo social de consumo, unos obtienen de hecho más que otros, unos son más ricos que otros, etc. Para evitar todos estos inconvenientes, el derecho (a la participación, que determina el carácter burgués de la distribución) no tendría que ser igual sino desigual.
Pero estos defectos son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista, tal y como brota de la sociedad capitalista (no sobre bases propias sino sobre las bases de la sociedad anterior) después de un largo y doloroso alumbramiento. El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica (a su capacidad de producción; en este caso a la estructura productiva basada necesariamente en la penuria relativa como condición de existencia del mercado y de los precios), ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado.>> K. Marx: "Crítica del programa de Gotha" Punto I, 3. Lo entre paréntesis es nuestro)
Y el CIS, más adelante, en el apartado que dedican propiamente al concepto de "sociedad de transición":
<<Cuando nos referimos a los escritos de muchos de los defensores del campo socialista vemos una tentativa sistemática a confundir el período de transición -dictadura del proletariado- con la primera fase de la sociedad comunista. Por ejemplo, muchos de esos grupos proclaman que durante el socialismo o primera fase del comunismo, la dictadura del proletariado no ha desaparecido aún, o proclaman que aunque el comunismo no puede establecerse en un país aislado, es posible conseguir el socialismo acabado en un sólo país. También proclaman que la propiedad social basada en la autorregulación (autogestión) de los trabajadores, sólo puede conseguirse durante la segunda fase y que durante la primera no es posible ir más allá de la propiedad estatal. Estas tendencias olvidan que cuando Marx se refería a estas dos fases las consideraba simplemente como períodos diferentes dentro de un único modo de producción. Por tanto, las características determinantes de este modo de producción deben ser evidentes en ambas fases; es decir, las clases sociales deben haber desaparecido en ambos períodos y deben existir formas sociales de propiedad. En ambas fases, el estado-como defensor de los intereses de una o más clases sociales en antagonismo con otras- ya no existe>> (Ibíd.)
Vamos a tomar como objeto de observación la segunda parte de este párrafo. Cada modo de producción característico se determina históricamente por el modo o la forma técnica en que se produce:
<<Lo que distingue a unas épocas de otras no es lo que se hace sino cómo, con qué medios de trabajo se hace>> (K.Marx: "El Capital" Libro I Cap V) <<La era del vapor es la era de la burguesía, la era de la electricidad es la era del socialismo>> (G.M. Krzhizhanovski. Citado por Lenin en el "Informe sobre la labor del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y del Comité Central del Partido". 02/02/920) 
A su vez, cada forma o modo de producir determina sus correspondientes relaciones sociales de producción y sus específicos modos de reparto o distribución entre los agentes de la producción:
              <<Las denominadas relaciones de distribución corresponden a formas específicamente sociales e históricamente determinadas del proceso de producción y de las relaciones que los seres humanos contraen entre sí en el proceso de reproducción de su vida y derivan de esas formas. El carácter histórico de estas relaciones de distribución es el carácter histórico de las relaciones de producción, de las que aquellas sólo expresan una faceta. La distribución capitalista es diferente de las formas de distribución que surgen de otros modos de producción, y cada forma de distribución desaparece con la forma determinada de distribución de la que procede y a la que corresponde...>> (K. Marx: "El Capital" Libro III Cap. LI)
Según el único texto de Marx --exceptuando la correspondencia-- donde trata sobre este asunto, desde el momento en que el proletariado instaura su dictadura social y política sobre la burguesía, la sociedad entra en la primera etapa incipiente o "no desarrollada" del modo de producción comunista. Es una sociedad nueva que acaba de nacer, pero que empieza a dar sus primeros pasos todavía sobre bases técnicas y económicas capitalistas, aunque ya incompatibles con esa sociedad. Por tanto, aunque sus relaciones de producción pasen a ser del tipo comunista, donde deja de existir la explotación social, sus normas de reparto o de distribución del producto social, siguen siendo aún burguesas, regidas por el derecho-igualitario-formal-burgués, aun cuando ya no del todo por la ley del valor. Así lo dice Marx:
<<De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base (técnica, económica y social, esto es con un alto desarrollo de las FF.PP. que permita superar definitivamente la penuria relativa, al mismo tiempo que el concepto cultural o sociológico burgués de necesidad humana, consumista y superfluo), sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, (en el jurídico), en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede...>> K. Marx: "Crítica del programa de Gotha" Punto I. Lo entre paréntesis y el subrayado es nuestro)
¿Qué quiere decir esto de que la transición es una sociedad comunista no desarrollada sobre su propia base material? Que es comunista y al mismo tiempo no lo es, que es un híbrido entre capitalismo y socialismo; porque ha desaparecido el modo de producción anterior, pero subsisten sus normas de reparto que se efectivizan en la esfera de la circulación de la riqueza, donde unos obtienen más que otros. Y esto último es así, no sólo porque sigue vigente el atraso relativo de las fuerzas productivas de la sociedad anterior, que impide a la nueva sociedad pasar sin solución de continuidad a la máxima: "de cada cual según su trabajo y a cada cual según sus necesidades", sino porque en la conciencia de los asalariados también siguen vigentes los conceptos burgueses de necesidad y de salario histórico. En este sentido, pasa entre la producción y la circulación del capital, lo que sucede entre la estructura económica de las sociedades y los aspectos más mediatamente reflejos en sus respectivas superestructuras. Así, cuando en su introducción a la "Crítica de la Economía Política" Marx se pregunta por qué habiendo desaparecido las condiciones materiales que dieron lugar a la mitología griega, que, a su vez, inspiró y modeló su arte, esas formas nos siguen todavía hoy proporcionando goce estético, está diciendo que entre estructura y superestructura no hay una relación de determinación directa o mecánica. Porque mientras la estructura se mantiene, la superestructura actúa como elemento relativamente autónomo de sobredeterminación (reafirmación) o negación sobre la propia estructura (por ejemplo, una insurrección no triunfante, como la de 1905 en Rusia, el Cordobazo o el Argentinazo) de modo que, cuando esta última desaparece, es natural que ese elemento superestructural relativamente autonomizado, siga actuando sobre la conciencia colectiva como un "espíritu objetivo" fantasma que se resiste a dejar el lugar que ocupaba en ella (el caso de peronismo después de 1955), para dar paso a los reflejos psicológicos, jurídicos, sociológicos y artísticos de la nueva realidad material, que están sólo conformando la nueva superestructura. Lo mismo que como cuando Marleau Ponty cuenta que a alguien le cortan una pierna y durante un tiempo sigue comportándose instintivamente como si la siguiera teniendo. Esto es algo que debieran considerar seriamente los epígonos del llamado "comunismo de izquierdas", que preconizan pasar directamente de la toma del poder a la segunda fase del comunismo.
Por otra parte, toda vez que Marx y Engels utilizaron la palabra "socialismo", lo hicieron para referirse a sus distintas significaciones doctrinarias, nunca para designar una etapa o modo de producción histórico específico en el tránsito del capitalismo al comunismo. En tal sentido, los creadores del Materialismo Histórico no concibieron una "sociedad socialista". ¿Por qué? Porque no pudieron analizar las condiciones de la transición al socialismo desde una sociedad capitalista relativamente atrasada que había inciado ese tránsito tras la toma del poder en Octubre de 1917 por el proletariado en un país como la Rusia. Aunque Marx ya había prefigurado esa posibilidad real en el pasaje de su "Critica del Programa de Gotha" que acabamos de citar.
Fue Lenin al frente del PC(b) de la URSS y de la dirección colectiva soviética --a cuyo cargo estuvo la tarea de gestionar la economía del primer período de transición en la historia moderna-- quien, dadas las formas económicas y sociales específicas, nacionales de Rusia, debió asociar por primera vez la palabra "socialismo" o "socialista", a las estructuras económico-sociales o modos de producción específicos entre el capitalismo y la primera fase del comunismo. En su importante trabajo: "Infantilismo `de izquierda´ y la mentalidad pequeñoburguesa" (mayo de 1918), así como en "El impuesto en especie" (abril de 1921) Lenin describió las cinco estructuras económico-sociales que coexistían entrelazadas en el territorio soviético, a saber:
1.       Patriarcal o economía campesina en régimen de subsistencia.
2.       Economía en régimen de producción mercantil simple. (en esta categoría eran mayoría los pequeños campesinos que vendían sus excedentes.
3.       Capitalismo privado.
4.       Capitalismo de estado.
5.       Socialismo.
E inmediatamente se preguntó cuáles eran -en términos de clase- las categorías que predominaban en este complejo entramado económico-social heredado de la Rusia prerrevolucionaria. Y encontró la respuesta en el censo de noviembre de 1917, a saber: los campesinos pobres y los estratos más bajos de la pequeñoburguesía, esto es, la categoría 2 y los restos de la categoría 3, por un lado. Por otro lado, habida cuenta de que el capitalismo privado explotador de trabajo ajeno en grande y mediana escala -junto con sus medios de producción- habían sido estatalizados, pasaron a conformar la quinta y última categoría descrita: el socialismo (en el concepto de Marx y Engels, primera etapa del comunismo). Quedaba el capitalismo de Estado; lo que Lenin llamaba "su envoltura exterior" (monopolio de los cereales, empresarios y comerciantes explotadores de mano de obra en pequeña escala, y cooperativistas), estaba "desgarrada en una u otra parte por los especuladores" y el principal objeto de esa especulación eran los cereales.
Solventado el primer interrogante de la estructura de clases salida de la Revolución, Lenin formuló el otro interrogante, esto es, de las anteriores condiciones descritas a transformar, ¿cuáles deben serlo en lo inmediato desde el punto de vista de la estrategia comunista? Dicho más claramente, ¿entre qué categorías estaba planteada la lucha de los revolucionarios comunistas, entre la cuarta y la quinta categorías enumeradas? Y Lenin contestaba:
<<Por supuesto que no. No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeñoburguesía más el capitalismo privado que luchan tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeñoburguesía se resiste a toda intervención del Estado, a todo registro y control, ya sea capitalista de Estado o socialista de Estado. Es un hecho real, absolutamente irrefutable, y no comprenderlo constituye la raíz de una serie de errores económicos. El especulador, el agiotista, el que entorpece el monopolio [estatal en función social progresiva]: ese es nuestro principal enemigo. (...) Sabemos muy bien que la base económica de la especulación es la capa de los pequeños propietarios, extraordinariamente vasta en Rusia, y el capitalismo privado, que tiene un agente en cada pequeñoburgués. Sabemos que millones de tentáculos de esta hidra pequeñoburguesa aferran, aquí o allá, a diversos sectores obreros, y que la especulación penetra en todos los poros de la vida económico-social en lugar del monopolio de Estado.>> (V.I. Lenin: "El impuesto en especie" 21/04/921. Lo entre corchetes es nuestro.)
    Pero una semana después, durante la reunión del Comité Ejecutivo Central de los soviets de toda Rusia, Lenin introdujo una matización importantísima sobre el comportamiento de la pequeñoburguesía respecto del Capitalismo de Estado bajo la dictadura del proletariado. Después de insistir en que el enemigo principal del proceso de transición tras la toma del poder no es el capitalismo de Estado sino la pequeñoburguesía mayoritaria en el país, Lenin señaló que, la pequeñoburguesía tiene un comportamiento contradictorio respecto del capitalismo de Estado proletario; por un lado se apoya en él para acabar con el gran capital, pero, por otro, una vez realizada esa tarea pretende congelar la lucha de clases en esa instancia institucional del tránsito al socialismo, porque no quiere ir con el proceso más que hasta ahí.
Ésta misma es también la estrategia de poder pequeñoburguesa con su instrumento policlasista: el frentepopulismo, en su lucha contra el imperialismo en el contexto del capitalismo. Pero una cosa es practicar el frentepopulismo para luchar contra el gran capital, con la burguesía en el poder, al interior de un Estado capitalista, y otra muy distinta condición es el frentepopulismo para la lucha conjunta contra la gran burguesía, pero en el marco político del poder proletario dominante, y al interior de un Estado obrero[1]. Porque dentro del capitalismo, el frente popular que sintetiza en el capitalismo de Estado burgués sólo puede estar dirigido por la pequeñoburguesía, por su programa, en tanto que bajo la dictadura del proletariado, el Capitalismo de Estado está presidido por la estrategia de poder socialista y por los métodos en proceso de ruptura completa con la ley del valor, con el capitalismo. Por lo tanto, el pequeñoburgués tiene también un comportamiento contradictorio con el capitalismo de Estado proletario. Dentro de la sociedad capitalista se apoya en la gran burguesía en tanto ve en ella la plena garantía de subsistencia de la propiedad privada capitalista, de la explotación de trabajo ajeno; pero, al mismo tiempo, teme ser expropiado por ella y ser socialmente degradado a la condición del asalariado en paro; de ahí que luche para evitarlo buscando el apoyo del proletariado y el cobijo político del capitalismo de Estado nacionalista burgués.[2] Dentro de la sociedad de transición al socialismo, el pequeñoburgués se apoya en el capitalismo de Estado proletario para luchar contra la gran burguesía y al mismo tiempo se resiste al control obrero, pero lo acepta porque sabe que el poder soviético se lo impone por la fuerza de la mayoría social, pero que no le va a expropiar por la fuerza ni le degradará económicamente dejándole en la ruina, como hace la burguesía con su ley selvática del mercado; porque ve que tiene ante los ojos la alternativa del trabajo cooperativo. Y cuando en medio de esta experiencia compruebe que los costes de sus productos se ponen por encima de los precios en los grandes almacenes del Estado, y que su ganancia no supera el salario medio de sus propios obreros ante la demanda creciente en las grandes factorías del Estado, operando en condiciones de expansión de sus medios de producción, entonces, ese pequeñoburgués sabrá qué hacer con su pequeño capital productivo.   
¿Qué fue, pues, para Lenin, el socialismo como modo de producción transitorio entre el capitalismo y la primera fase del comunismo en las condiciones específicas de la Rusia de 1917? El paso siguiente después del monopolio capitalista de Estado proletario; el paso desde la instauración del monopolio capitalista de Estado proletario -tras la expropiación de la grande y mediana burguesía industrial y agraria- hasta la instauración del monopolio socialista de Estado; después de convertir la pequeñoburguesía a la condición asalariada, empezando a abandonar este monopolio socialista de Estado, para pisar los umbrales del modo de producción comunista y entrar en su  primera fase. 
Ahora bien, la condición necesaria para completar la transición socialista entre el capitalismo monopolista de Estado y la primera fase del comunismo, es el Estado democrático soviético; su condición suficiente, la teoría revolucionaria y la memoria histórica del proletariado encarnadas en el partido bolchevique, aplicadas creativamente a la realidad en curso.
De este razonamiento se desprende, en primer lugar, que la diferencia entre el marxismo bolchevique y el "marxismo" reformista, consiste en que estos últimos pugnan por congelar la lucha de clases y el desarrollo de las fuerzas productivas, en la etapa del capitalismo de Estado al servicio de la explotación del trabajo en pequeña y mediana escala, tratando de contrarrestar tanto la tendencia hacia el capitalismo monopolista de Estado burgués, como las luchas del proletariado por la socialización de todos los medios de producción, por el socialismo, por entrar en la primera etapa de transición al comunismo. En este sentido, puede decirse con total certidumbre que las condiciones históricas que propiciaron la experiencia de los bolcheviques en su intento frustrado de que la humanidad abandonara el capitalismo para entrar en la primera etapa de transición evolutiva hacia el comunismo, les permitieron sin embargo aportar a la memoria histórica del proletariado llenando de contenido teórico económico, social y político, lo que Marx y Engels sólo pudieron enunciar genéricamente como una posibilidad abstracta; precisamente porque el fracaso de la revolución Europea de 1848 y el fracaso de la Comuna de París, le negaron toda posibilidad real de teorizar e implantar la realidad del capitalismo de Estado proletario, categoría que los bolcheviques han alumbrado como necesaria para pasar a la primera fase del comunismo llamado socialismo. Categoría tanto más necesaria cuanto mayor es el atraso relativo de la revolución en un país dado.
Y para que quede clara la diferencia entre los reformistas pequeñoburgueses y los revolucionarios comunistas, Lenin dice que entre el capitalismo monopolista de Estado burgués y el capitalismo de Estado monopolista proletario, no hay una fase intermedia. No existe el capitalismo monopolista de Estado pequeñoburgués, al estilo Yugoslavo Iaquí, Sirio o Libio. Y los modos de producción entre uno y otro son distintos; no sólo porque cambia el sentido de clase de las relaciones de producción dominantes, sino porque cambian también las normas de reparto entre la pequeñoburguesía remanente y el proletariado, determinadas por el control obrero de la producción; aun cuando, en lo que respecta a la clase obrera, el reparto o salario relativo entre las distintas categorías de asalariados, siga en esencia, determinado por la ley del valor, sintetizada en la consigna burguesa: "De cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo", esto es, según su mayor o menor cualificación y condición objetiva de consumo.
En otras palabras, para iniciar el tránsito evolutivo al modo de producción comunista, los bolcheviques sostuvieron, con toda razón, que es imposible partir del capital monopólico, tal como han venido pretextando los reformistas, los socialdemócratas de la IIª Internacional, tesis a la que se adscribió el stalinismo; es necesario romper con él violentamente para instaurar la dictadura del proletariado, esto es, el Estado democrático revolucionario; aunque la premisa material más favorable para iniciar ese tránsito sea el capitalismo monopolista de Estado proletario:
<<...el capitalismo monopolista de Estado (proletario) es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio>> (V.I. Lenin: "La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla" 10-14/09/917. Lo entre paréntesis es nuestro)
¿Por qué Lenin dice que la condición objetiva más madura para el socialismo es el capitalismo monopolista de Estado? Pues, porque es el modo capitalista de producción técnicamente más desarrollado; porque produce con los medios de producción más eficaces, con los rendimientos a escala mayores, la menor penuria relativa y el mayor nivel de vida posibles dentro de ese sistema de reparto.
Pero, además de delimitar precisamente entre reformistas y revolucionarios, el estudio de la transición del capitalismo hasta la primera fase del comunismo permite aclarar si se trata de un solo modo de producción o de varios combinados o entrelazados al interior de la misma sociedad. En este sentido, cuando invita a meditar sobre la institución del "trabajo general obligatorio" -inmediatamente después de la toma del poder- Lenin dice que, aun cuando ya no estaríamos en el modo de producción capitalista típico, el capitalismo de Estado proletario recién impuesto tampoco alcanzaría a ser socialista:
<<El trabajo general obligatorio, implantado, reglamentado y dirigido por los Soviets de diputados, obreros, soldados y campesinos, no sería todavía el socialismo, pero no sería ya el capitalismo>> (Op.cit.)
¿Qué faltaría para ello? En ese momento Lenin ya tenía claro que al modo de producción basado en las relaciones de producción correspondientes al capitalismo de Estado soviético, le faltaba desarrollarse hasta igualar a los principales países burgueses donde predominaba el capitalismo monopolista de Estado, desarrollo que Lenin asociaba a la generalización de la electricidad aplicada a la producción, especialmente a la producción rural, único modo, entendía él -como insuperado maestro del Materialismo histórico que sigue siendo después de Marx y Engels en el tiempo- para ganar la batalla contra las estructuras 2 (producción mercantil simple) y 3 (capitalismo privado en pequeña escala) que coexistían con la estructura 4 (capitalismo de Estado proletario) en la flamante sociedad soviética:
<<Fíjense ustedes en el mapa de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. Al norte del Vólogda, al sureste de Rostov del Don y Sarátov, al sur de Oremburgo y Omsk y al norte de Tomsk hay extensiones inmensas en las que cabrían decenas de grandes Estados civilizados. Y en todas esas extensiones reina el patriarcado, la semibarbarie y la completa barbarie. (...)
¿Es concebible una transición directa de este estado de cosas, predominante en Rusia, al socialismo? Sí, es concebible hasta cierto punto, pero con un sola condición (...) Esta condición es la electrificación. Si construimos decenas de centrales eléctricas de distrito (...) y distribuimos energía eléctrica a todas las aldeas, si conseguimos una cantidad suficiente de motores eléctricos y otras máquinas, no necesitaremos pasar -o difícilmente lo necesitaremos- por etapas de transición o eslabones intermedios entre el patriarcado y el socialismo.>> ( V.I. Lenin: "El impuesto en especie" 21/04/921)
Y esta concepción enlaza con la idea expuesta por Marx en el capital, respecto de que, el socialismo no se impone, sino que se construye; no sobre la base del capitalismo sino sobre las nuevas relaciones de producción que la base del capitalismo más desarrollado permite expropiar, que son las grandes empresas oligopólicas:
<<Aunque una sociedad haya descubierto la ley natural que preside su propio movimiento --y el objetivo último de esta obra es, en definitiva, sacar a  la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna-- no puede saltearse fase naturales de desarrollo ni abolirlas por decreto. Pero puede abreviar y mitigar los dolores del parto (socialista).>> (K. Marx: “El Capital”  Prólogo a la primera edición)
Está claro, pues, que entre el período correspondiente al capitalismo de Estado proletario --que los compañeros del C.I.S. llaman "propiedad estatal"-- y el "socialismo" o primera fase del comunismo, median distintos modos de producción combinados y dos modos de reparto. En el primer período de la transición correspondiente al monopolio capitalista de Estado proletario, el modo de producción "socialista" de la "propiedad estatal" se entrelaza con los modos de producción basados respectivamente en la producción mercantil simple y en el capitalismo privado, período en el que, naturalmente los conflictos de clase subsisten y se agudizan. Aquí prevalece la norma de reparto según la ley del valor.
En el segundo período, donde el capitalismo privado en pequeña escala desaparece y, con él los conflictos de clase, las relaciones de producción devienen puramente comunistas aun cuando continúan prevaleciendo las normas de reparto burguesas según el principio: "De cada cual según su trabajo y a cada cual según sus obras". Sólo en la segunda y última fase del modo de producción comunista, una vez desaparecida la penuria relativa que justifica la diferenciación de ingresos entre trabajo simple y complejo, será posible homogeneizar la remuneración del trabajo según el modo de reparto o de distribución comunista definido por la consigna: "De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades"
Está claro también que -dada la estructura económico social predominante hoy día en la mayoría de países del Planeta, incluidos los de mayor desarrollo relativo, en el supuesto de iniciarse -al menos- dentro de los próximos veinte años, el futuro proceso revolucionario mundial no se libraría de pasar por la misma dificultad del modo de producción combinado entre las relaciones de producción precapitalistas de la producción mercantil simple (trabajadores autónomos), las relaciones de producción del capitalismo privado (explotación del trabajo asalariado en pequeña escala), y las relaciones de producción socialistas, coexistiendo en el seno de una misma sociedad, aunque bajo las nuevas condiciones, el peso de los sectores económicos privados tengan menor peso social relativo que en los primeros tiempos de la Rusia  soviética, hace ya casi noventa años. Y esta realidad determinaría durante ese próximo período el programa revolucionario.
Sabemos que la proposición de cuño leninista que acabamos de fundamentar, será recusada calificándola como "desviación bolchevique de derechas", incluso condenarla moralmente con los peores calificativos, como pasó con Lenin cuando, a pesar de ello, consiguió llevarla adelante:
<<Imagino con qué noble indignación rechazarán los "comunistas de izquierda" estas palabras y qué "demoledora crítica" presentarán ante los obreros con respecto a la "desviación bolchevique de derecha". ¡¿Cómo?! ¿En la República socialista soviética la transición al capitalismo de Estado sería un paso adelante...? ¿No es eso una traición al socialismo? (V.I. Lenin "Infantilismo de 'izquierda' y la mentalidad pequeñoburguesa" 05/05/918).
Cierto, cuando Lenin escribió "El impuesto en especie" para abundar en sus fundamentos respecto de la "Nueva Política Económica" (NEP), decía que para mantener en funcionamiento la industria mejorando la situación de los obreros, había que desarrollar las fuerzas productivas en el campo manteniendo intactas las relaciones de producción en las estructuras 1 y 2, es decir, tal y como habían sido heredadas del capitalismo. Pero ésta no era más que una razón instrumental, presidida por la estratégica para todo el período postrevolucionario de lucha por consolidar el Estado soviético. Y, para Lenin, esa lucha consistió en mantener y reforzar la alianza entre los asalariados y la pequeñoburguesía rural y urbana; esa fue la política diseñada para la dictadura del proletariado; e insistía en que la dictadura del proletariado no consiste simplemente en hacer tábula rasa con las expropiaciones, sino en saber dirigir la política para transformar políticamente --no por decreto-- las condiciones históricas (económicas y políticas) en que se encontraban las relaciones de producción que conformaban las estructuras económico-sociales 2 y 3. Y si el proletariado había llegado al poder mediante una política hacia la masa pequeñoburguesa de la ciudad y el campo, una vez tomado el poder no había razones para abandonar esa política sino al contrario. Más aun, esa política dirigida a generar su apoyo durante la etapa de lucha por alcanzar el poder soviético, una vez instalado el flamante Estado obrero revolucionario y expropiados el gran capital financiero y los terratenientes, la política del proletariado con la pequeñoburguesía debía seguir pasando por el "registro y control" obrero sobre ella y todos los demás sectores privados, pero tratando de convertir su apoyo político en una alianza de clases con ellos para seguir llevando adelante la lucha inacabada contra la grande y mediana burguesía industrial y financiera en contubernio aliada con los kulaks en el campo. Una alianza sin hacer concesiones teóricas ni políticas al individualismo pequeñoburgués.
¿Está el proletariado actual libre de esas mismas condiciones, o todavía --aunque en menor grado--permanece sujeto a ellas? Y si no está libre, ¿cómo deben esas condiciones económicas ser transformadas políticamente en sentido objetivamente socialista? El materialismo histórico y la memoria de las luchas políticas obreras exige que las relaciones de producción capitalistas deben ser convertidas en socialistas por decreto, sólo cuando están maduras para ello. ¿Y cómo se determina el grado de madurez alcanzado por determinadas relaciones de producción capitalistas? En el trabajo agrícola, por la extensión de la propiedad agraria superior a 100 hectáreas. En la industria, el comercio y los servicios, por el grado de socialización objetiva del trabajo contenido en ellas. ¿Y cómo se mide este grado de socialización del trabajo? Por la mayor magnitud del capital en funciones de cada grupo empresarial, por su máxima centralización y su más alta composición orgánica y técnica. E insistimos en la advertencia de Marx: expropiar despótica y violentamente a la burguesía cuando las relaciones de producción capitalistas que encarnan no están aún maduras para ser transformadas en socialistas, no abrevia ni mitiga los dolores del parto socialista, sino al contrario. Lenin, al frente de la fracción mayoritaria o bolchevique del PCUS, no ha hecho sino intentar cumplir con este principio político universal fundado en la ciencia.
En este sentido, discrepamos con los compañeros del C.I.S. en cuanto que la revolución rusa hasta la muerte de Lenin fue de naturaleza socialdemócrata. Los socialdemócratas reniegan de la revolución proletaria, de la destrucción jurídica, política e institucional del Estado burgués, de la implantación del Estado soviético y de las expropiaciones del mediano y gran capital; defienden hasta el genocidio la propiedad privada de los medios de producción, como hicieron en la Alemania de 1918/19. Decir que los bolcheviques fueron socialdemócratas es todavía más grosero, que homologar a los fascistas con los liberales. Porque la diferencia entre un Lenin y un Noske, por ejemplo, es socialmente sustancial, mientras que neofascistas como Bush y demócratas liberales como Carter, coinciden en su ser de la misma naturaleza política de clase.

Hasta La Victoria, Siempre Comandante...

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