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lunes, 2 de junio de 2014

Socialismo Real

Construcción del Socialismo Real




La URSS (Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas), un mosaico de 17 repúblicas federales autónomas y la mayor extensión territorial de esa época, fue el primer país que evidenció el funcionamiento del socialismo, a partir de la destitución de los zares en febrero de 1917, y la revolución de los bolcheviques en octubre de ese año, y luego, liderada la URSS por Vladimir Ilich Lenin hasta 1921 (1870-1924).

 Las etapas: 

a)Comunismo de guerra (1917-1921). Caracterizada por una relativa anarquía. Nacionalización de todos los medios de producción, improvisación revolucionaria, convulsiones de todo tipo –entre ellos levantamiento de marinos de Kronshtadt- que termina en una situación de hambre, escasez y epidemias, por extenuación del sistema productivo y de la desastrosa cosecha de 1921. 

b)Formulación de una “Nueva Política Económica” (NEP, 1921-1927), basada en un intento de conciliación con ciertas formas de “pequeño capitalismo”. Con aceptación de un alto grado de economía mixta, supresión del monopolio del comercio interior, aceptación del surgimiento de una clase de comerciantes, reforma monetaria y otorgamiento de concesiones al capital extranjero. 
El período 1922-1953 es conducido por Iósiv Stalin, que cambió la NEP leninista por una economía planificada, basada en planes quinquenales destinados a industrializar una nación agraria, vasta e inabarcable. La colectivización de la economía rural, resistida por el campesinado, costó una hambruna que mató a millones de personas en los años 30, y otros fueron deportados y condenados a trabajos forzados en la Siberia. 

c)Primer Plan Quinquenal (1928-1932), con una colectivización integral y forzosa de las explotaciones agrícolas; y la liquidación de la NEP con la subordinación de toda la economía a la propiedad del Estado (incluida la agricultura) y en el marco de una verdadera planificación central. El control del partido comunista en las áreas rurales, aseguro la utilización de los precios agrícolas –bajos para los agricultores y altos para el consumo- como base para la acumulación socialista y el progreso de la industrialización y la electrificación. 

d)Segundo Plan Quinquenal (1933-1937) fue cumplido en mayor grado que el primero, con una férrea disciplina del estalinismo. Los progresos en materia económica (se duplicó la producción nacional entre 1932 y 1937), en educación y formación y técnica fueron espectaculares.
Cabe mencionar algunos logros significativos en ambos planes quinquenales. En el período 1928-1937 la producción industrial tuvo un crecimiento promedio anual del 15%, y la productividad del trabajo industrial se elevó en un 80% (6% anual promedio), tasa jamás alcanzada por ninguna nación, hasta entones. 

e)La invasión alemana en junio de 1941 interrumpe la realización del Tercer Plan Quinquenal (1938-1942). 

f)Cuarto Plan Quinquenal (1945-1949). Conseguida la victoria militar, las tareas de reconstrucción fueron
 impresionantes –jornadas largas de trabajo y privación de medios de consumo-, con acuerdos comerciales con aliados socialistas de la URSS, así como la creación de sociedades mixtas con participación soviética en los demás países comunistas europeos. 

g)Quinto Plan Quinquenal (1950-1954), con idéntico ritmo en el crecimiento económico, y coincide con los últimos años de Stalin. En estos años, la producción industrial soviética representaba el 35% de la producción de los EE.UU. 

Los períodos de Nikita Krushov (1954-1964) y Breznev (1964-1982) coinciden con los momentos más álgidos de la guerra fría entre este y oeste. Los hechos económicos más relevantes durante la era Krushov: 

  • Política agraria. Por necesidades de abastecimiento alimenticio, expansión de la frontera agrícola en 41 millones de hectáreas, lo que significó un aporte adicional vital a la producción de cereales, aunque con consecuencia de fuerte erosión para las praderas originales.
  • Menor intervención centralizada en la agricultura y mejor dotación de equipamiento para las explotaciones agrícolas.
  • Política económica y tecnológica. Descentralización de la organización industrial estatal, con creación de consejos económicos regionales, aunque luego de 1965 fueron liquidados. Por otra parte, hasta 1967, la URSS se mantuvo por delante de EE.UU. en la carrera espacial. En esta época, la producción industrial de la URSS se estima en alrededor del 75% de la de los EE.UU., mientras que en el plano de la productividad se calcula alcanzaba un 45% de la productividad norteamericana.
  • Política exterior. Apoya la revolución Cubana, lo que origina la famosa “crisis de los misiles” en 1962. Asimismo. En 1960, a propuesta de la URSS, la ONU aprueba la descolonización de todos los pueblos del mundo todavía dependientes. Con el deterioro de las relaciones URSS-China y con el COMECON (unión económica socialista) no pudo llegar nunca a la creación de instrumentos propios de una Economía Socialista multinacional integrada.
h)Entre 1950 y 1970, el socialismo, en un primer momento, obtuvo un relativo éxito contra las manifestaciones del subdesarrollo en países del Tercer Mundo. 

i)La política emprendida desde 1965 de una mayor autonomía de las empresas; una mejor organización industrial a base de un control de costos y beneficios; estímulos más apropiados para aumentar la productividad laboral; la incorporación de fertilizantes en la agricultura; y otras medidas, no obtuvieron los resultados deseados. 

j)Desde 1970, el socialismo real fue objeto de numerosas críticas, incluso dentro de la propia URSS. Y hacia 1985 no se daban aquellas condiciones que sirvieran como alternativa al sistema capitalista imperante en el mundo occidental, y los países socialistas fueron perdiendo su mística e impulso revolucionario. 












informe


10 grandes logros del comunismo en la URSS


A raíz de ver en twitter un hastagh llamado #CulpaDelComunismo me he animado a escribir otra vez, hoy os voy a hablar de los logros de la Unión Soviética en sus 74 años de historia, estamos acostumbrados a oír que la URSS exterminó a su propia población, al muro de Berlín, a Praga del 68, a Afganistán... y a parte de que estos hechos nos los muestran de forma sesgada y manipulada, los medios ni los divulgadores nos hablan nunca de los incontables logros que consiguió la URSS.

Empecemos:

1º Fue el primer estado en la historia de la humanidad en acabar con el hambre gracias a la colectivización de la tierra, muchos países muy avanzados hoy en día (como EEUU), no han podido acabar con esa lacra (o no han querido).


Fue el estado que soporto la mayor carga en la segunda guerra mundial al derrotar al ejército nazi, según los analistas militares el 70% del ejército nazi fue derrotado en el frente oriental, unos 24 millones de soviéticos murieron en la mayor guerra de la historia para acabar con Hitler y con su ideología genocida. Sin embargo, hoy en día nos siguen mostrando como es EEUU el vencedor de esa guerra, gracias en parte a la hegemonía que ha conseguido Hollywood en el pensamiento colectivo.



La URSS lideró la campaña mundial para erradicar la viruela en el mundo, una enfermedad que se llevaba millones de vidas al año sobre todo el los países del tercer mundo, en las antiguas colonias de los estados capitalistas. Se trataron 15 millones de casos de viruela en 31 países, erradicando así la enfermedad, hoy en día existe el peligro latente para que vuelva a propagarse masivamente. (Artículo muy interesante que habla sobre el tema 
http://lapizarradeyuri.blogspot.com.es/2010/06/viruela-cuando-la-mano-del-hombre-fue.html)
(Viktor Zhdanov, el ministro soviético que inició la campaña contra la viruela)


La seguridad social soviética; este punto (comos los 3 anteriores) necesitaría una entrada entera, simplemente os voy a resumir unos cuantos puntos de lo que fue, la primera seguridad social de la historia, nacida de la constitución soviética de 1936.

-Jornada laboral de 7 horas, 6 para especialistas.
-Sistema de pensiones para ancianos e inválidos. Jubilación a los 60 años (para hombres) a los 55 para las mujeres, en trabajos duros (minería, industria pesada...) podía rebajarse a los 50. Para recibir la pensión completa había que trabajar entre 20 y 25 años.
-Baja por maternidad, desde el inicio del embarazo, y un año tras el parto, unos 20 meses en total.
-Baja por enfermedad: 100% del sueldo.
-Un mes de vacaciones pagadas por el estado.

Estos son los puntos más impactantes de la seguridad social soviética, que tras más de 70 años de su aprobación parece inalcanzable para los países capitalistas.


El primer sistema sanitario gratuito y universal, que elevó la esperanza de vida de los soviéticos, de menos de 40 años en 1917, a llegar a los niveles de occidente en los 80 (70 años). Los logros de la erradicación del hambre y del sistema sanitario se pueden comparar igualmente con la estatura media de los soviéticos, en 1917 1.60m en los 80 casi 1.80m. Este sistema sanitario descubrió el parto sin dolor y realizó los primeros trasplantes de órganos.



El primer sistema educativo totalmente público y gratuito, que alcanzó las mayores tasas de alfabetización de la historia en las 15 repúblicas soviéticas. Además, los colegios soviéticos ofrecían gratuitamente alimentación para los alumnos, por lo que la conciliación laboral-familiar se hacía mucho más fácil que hoy en día en los países capitalistas. Además las guarderías también eran gratuitas.



El gran logro económico que consiguió la URSS, según varios analistas políticos ha sido el crecimiento económico mayor en la historia de la humanidad, consiguiendo situar a una Rusia retrasada y feudal, en una superpotencia económica, que además, mejoró notablemente la vida de sus ciudadanos. Churchill inmortalizaría esta gesta con su popular frase: "Cogió a una Rusia con arados y la dejó equipada con la bomba atómica" refiriéndose a Stalin.


Carrera espacial, este es de especial importancia ya que consiguió llegar al nivel tecnológico de EEUU -y superarlo- en 40 años, habiendo salido del feudalismo y sin capacidad tecnológica, la URSS fue el primer país en enviar un satélite al espacio -Sputnik-, el primer ser vivo al espacio -La perra Laika-, el primer hombre en el espacio -Yuri Gagarin- y la primera mujer en el espacio -Valentina Tereshkova-. Sin embargo en el imaginario colectivo nos ha quedado que esta carrera la ganaron los americanos, al ser los primeros en llegar a la Luna.

(Yuri Gagarin)

Cultura popular. La URSS fue el país donde la cultura llegó a sus máximos niveles de expresión. La URSS era el país donde más periódicos se leían y vendían, donde más libros se vendía (también los más baratos), el país donde más conciertos musicales se celebraban. Era un país donde las masas de obreros acudían a la ópera, donde más teatros, salas de cine y edificios culturales existían.

10º Consiguió que la mujer tuviera los mismos derechos que el hombre, el mismo sueldo, las mismas posibilidades laborales, las mismas oportunidad para alcanzar cargos públicos... La URSS consiguió una igualdad plena entre hombres y mujeres.



He querido dejarlo en 10, pero cabrían muchos más, los bienes básicos, así como luz o agua, eran prácticamente gratis, así como la vivienda. Los vehículos si que eran más difíciles de conseguir, pero existía una red de transporte público que cubría la vastísima extensión de la URSS de buena manera, el transporte público en los centros urbanos era gratuito y de una calidad no superada por occidente. También serían destacables los logros deportivos de la URSS, tanto a nivel interno (país con mayor porcentaje de deportistas amateur) como en los JJOO, como ya analizamos en otra entrada anterior. Por no hablar de la solidaridad de la URSS con los países del 3er mundo colonizados, muchos de ellos lograron la independencia gracias a las ayudas soviéticas, así como solidaridad con las naciones agredidas por el fascismo, como el caso español, donde la URSS -junto a México- fue el único estado que apoyo al gobierno legítimo contra el fascismo.
 
 

Comuna de París

Destrucción de la Columna Vendôme durante la Comuna de París.
La Comuna de París (en francés: La Commune de Paris) fue un breve movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, instaurando un proyecto político popular autogestionario que para algunos autores se asemejó al anarquismo o al comunismo.
Tras la derrota y derrumbe del gobierno imperial de Napoleón III en la Guerra Franco-Prusiana (1870–71), París fue sometida a un sitio de más de cuatro meses (19 de septiembre de 1870 – 28 de enero de 1871), que culminó con la entrada triunfal de los prusianos -que se retiraron de inmediato- y la proclamación imperial de Guillermo I de Alemania en el Palacio de Versalles.
Debido a que París no aceptaba rendirse, la nueva Asamblea Nacional y el gobierno provisional de la República, presidido por Adolphe Thiers, prefirieron instalarse en Versalles y desde ahí doblegar a la población rebelde. El vacío de poder en París provocó que la milicia ciudadana, la Guardia Nacional Francesa, se hiciera de forma efectiva con el poder a fin de asegurar la continuidad del funcionamiento de la administración de la ciudad. Se beneficiaron del apoyo y de la participación activa de la población obrera descontenta, del radicalismo político muy extendido en la capital que exigía una república democrática, y de la oposición a la más que probable restauración de la Monarquía borbónica. Al intentar el gobierno arrebatarles el control de las baterías de cañones que habían sido compradas por los parisinos por suscripción popular para defender la ciudad, estos se alzaron en armas. Ante esta rebelión, Thiers ordenó a los empleados de la administración evacuar la capital, y la Guardia Nacional convocó elecciones para el consejo municipal que fue copado por radicales republicanos y socialistas.
La Comuna (el término commune designaba y aún designa al ayuntamiento) gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas. Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, el asalto final al casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada Semana Sangrienta (Semaine sanglante) del 21 al 28 de mayo. El balance final fue de unos 30.000 muertos y el sometimiento de París a la ley marcial durante cinco años.
Ya que los sucesos de la Comuna de París tuvieron lugar antes del cisma entre anarquistas y marxistas, ambos movimientos políticos la consideran como propia y la celebran como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de Europa occidental. Marx la describió como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en la que el Estado es tomado por el proletariado, a lo que Bakunin respondió que –al no depender de una vanguardia organizada y no haber arrebatado el poder al Estado francés o intentado crear un estado revolucionario– la comuna parisina era anarquista.

Trasfondo

18 de marzo 1871: El pueblo insurrecto se hace con los cañones del ejército situados en Montmartre (Recreación actual).
La revolución puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, que había asegurado la defensa de la ciudad durante la guerra, mientras el Gobierno de Defensa Nacional dirigido por Adolphe Thiers se encontraba refugiado en Burdeos. La comuna fue posible gracias a un levantamiento popular de todas las tendencias republicanas dentro de París después de que la Guerra Franco-prusiana terminase con Francia derrotada.1 La guerra con Prusia, comenzada por Napoleón III («Louis Napoleón Bonaparte») en julio de 1870, se desarrolló desastrosamente para Francia, y en septiembre del mismo año tras la derrota en la Batalla de Sedán, los diputados republicanos derrocaron el Imperio y proclamaron la República.2 Días después París quedó bajo el asedio del ejército enemigo.
La escasez de comida, sumada al constante bombardeo prusiano, llevó a un descontento general. Desde la revolución de 1848 la población se había vuelto cada vez más receptiva a ideas republicanas más radicales. Una demanda específica fue la de que París debía poseer un gobierno autónomo, con una comuna elegida por la propia población, algo que ya disfrutaban la mayor parte de las ciudades francesas, pero que era negado a París por un gobierno temeroso de la indócil población de la capital. Un deseo más vago pero también relacionado fue el de un sistema de gestión de la economía más justo, si no necesariamente un sistema socialista, resumido en el grito popular de «la république démocratique et sociale!».
En enero de 1871, cuando ya habían transcurrido 4 meses de asedio, Louis-Adolphe Thiers, futuro jefe ejecutivo (más tarde presidente) de la Tercera República Francesa,1 buscó un armisticio que fue firmado el día 26 en el Palacio de Versalles, a la espera de que se lograran acuerdos de paz definitivos.3 El Canciller Otto von Bismarck, que se había instalado en Versalles, representaba al emperador de Alemania: exigió para París la rendición de las plazas fuertes de las fortificaciones que rodeaban la capital, el desarme de los soldados que aseguraban la defensa de la capital, la posibilidad de entrar en París y el pago de un rescate de 200 millones de francos.
Por aquel tiempo más de 200.000 parisinos eran miembros armados de la «Guardia Nacional», una milicia de ciudadanos dedicada al mantenimiento del orden público en tiempos de paz, pero que desde septiembre de 1870 se había expandido mucho (de 60 a 254 batallones) para ayudar a defender la ciudad. Los batallones elegían a sus propios oficiales y poseían algunos cañones que habían sido fabricados en París y pagados por suscripción pública. La ciudad y su Guardia Nacional habían resistido el ataque de las tropas prusianas durante seis meses, por lo que la población de París consideraba humillante tanto la rendición como la ocupación.
En el mes de febrero, 2000 delegados de la federación de los batallones de la Guardia Nacional eligieron un «Comité Central» que votó nuevos estatutos para reorganizar la Guardia y aprobó que no se dejarían desarmar por el gobierno, llamando a las principales ciudades francesas a que les imitaran. Las tropas prusianas tenían previsto entrar simbólicamente en París el 1 de marzo, dejando a Thiers que se encargara de la rendición de la capital. La víspera, el 28 de febrero, el comité de la Guardia Nacional mandó pegar en todo París el «Cartel negro» (Affiche noire), un cartel bordeado de negro en señal de luto recomendando a los parisinos que no salieran de sus casas y evitaran todo altercado o manifestación. El día 1 de marzo el ejército prusiano desfiló en una ciudad desierta, limitándose a los distritos XVI, XVII y VIII. La abandonaron el mismo día sin ningún incidente.
Días antes de que los prusianos entraran en París, la Guardia Nacional, ayudada por civiles, había puesto los cañones (que consideraban de su propiedad) a salvo de los prusianos y los había almacenado en distritos seguros situados en las colinas de Montmartre y Belleville, en los límites de la ciudad. El principal «parque de cañones» estaba en las alturas de Montmartre.
Mientras tanto las elecciones legislativas del 8 de febrero, destinadas a sustituir el Gobierno de Defensa Nacional, habían dado a la Asamblea Nacional una mayoría monárquica (dividida entre legitimistas y orleanistas) seguida de los republicanos conservadores, todos partidarios de firmar la paz. En París, el voto fue mayoritariamente republicano radical, encabezando las listas de diputados Louis Blanc, Víctor Hugo, Léon Gambetta y Giuseppe Garibaldi. Por el Pacto de Burdeos, Thiers aseguró a la Asamblea que su gobierno se iba a dedicar a levantar el país, y que de momento no se plantearía el tipo de régimen a adoptar para Francia, dejando de lado la instauración de la República a petición de los monárquicos, bonapartistas y representantes de la alta burguesía.4

El alzamiento y naturaleza de la Comuna

Batería prusiana en Aubervilliers, apuntando a París.
Guardias nacionales en una barricada de Belleville, el 18 de marzo de 1871.

Instauración de la Comuna

Pero París continuaba cercada mientras el problema de las indemnizaciones de la guerra afectaba gravemente a la población. El 3 de marzo una asamblea de los delegados de la Guardia Nacional eligió un Comité ejecutivo provisional de 32 miembros que prometió defender la República.5 El mismo día el gobierno de Thiers nombró comandante jefe de la Guardia Nacional al general monárquico Louis d'Aurelle de Paladines, que había apoyado militarmente el golpe de Estado de Napoleón III del 2 de diciembre de 1852.6 Ante lo que se interpretaba como una provocación, la prensa y el pueblo protestaron7 y el Comité Central lo rechazó y lo ignoró.8 El 10 de marzo, la Asamblea Legislativa y el gobierno se trasladaron de Burdeos a Versalles, pero Thiers decidió residir en París.
Las primeras medidas aprobadas por la nueva Asamblea confirmaron las inquietudes de la población, recordándoles las medidas impopulares impulsadas por Thiers durante la II República en 1848: el 10 de marzo suprime la moratoria sobre letras de pago, alquileres y deudas que han de pagarse casi inmediatamente, lo que aboca en París a 300.000 obreros, pequeños talleres y tiendas a la quiebra.9 Suprime el salario de los guardias nacionales, dejando a miles de familias sin recursos.10 El general Vinoy, recién nombrado comandante jefe del ejército en París, prohíbe seis periódicos republicanos, de los que 4 tenían cada uno una tirada de más de 200.000 ejemplares11 y manda condenar a muerte en ausencia a Gustave Flourens y Auguste Blanqui por su participación en la revuelta de octubre de 1870.12
Al mismo tiempo que el Comité Central de la Guardia Nacional estaba adoptando una posición cada vez más radical y ganando firmemente autoridad, el gobierno no podía permitirle indefinidamente tener 400 cañones y ametralladoras a su disposición. Y así, como primer paso, al alba del 18 de marzo Thiers ordenó a sus tropas tomar los cañones almacenados en los altos de Montmartre, Belleville y en el Parque des Buttes-Chaumont.13 En Belleville y en Montmartre, los residentes avisados a toque de campana se precipitaron para interponerse, mujeres a la cabeza: en vez de seguir las instrucciones, los soldados fraternizaron con la Guardia Nacional y la población. En Montmartre, cuando su general, Claude Martin Lecomte, les ordenó disparar a una muchedumbre desarmada, le apearon de su caballo. En contra de la opinión de los miembros del comité del distrito, fue fusilado en el mismo barrio junto con el General Clément Thomas, un antiguo comandante de la Guardia Nacional, responsable de la represión durante la rebelión popular en junio de 1848.14 El 18 de marzo marca oficialmente el inicio del gobierno de la Comuna.
Otras unidades armadas se unieron a la rebelión, que se esparció tan rápidamente que el Jefe del ejecutivo Thiers ordenó la evacuación inmediata de París de las fuerzas regulares que aún le seguían siendo leales, tales como la policía y los empleados de todas las administraciones públicas. Él mismo huyó, a la cabeza de sus hombres, a Versalles.15 Según Thiers, 100.000 parisinos abandonaron la capital. En los días siguientes, la mayoría de los habitantes de los barrios residenciales del oeste de París (el XVI y el XVII), tradicionalmente conservadores, se refugiaron en Versalles. El Comité Central de la guardia nacional era ahora el único gobierno efectivo en París: casi inmediatamente renunció a su autoridad y organizó elecciones para una comuna, propuestas para el 26 de marzo.16
La Comuna de París fue constituida el 28 de marzo. Los 92 miembros del «Consejo Comunal» incluían obreros, artesanos, pequeños comerciantes, profesionales (tales como médicos y periodistas), y un gran número de políticos. Abarcaban todas las tendencias republicanas: desde republicanos reformistas y moderados, socialistas, anarquistas, proudhonianos, blanquistas e independientes, hasta jacobinos que tendían a mirar nostálgicamente la Revolución francesa. El socialista Auguste Blanqui fue elegido presidente del Consejo, pero esto ocurrió en su ausencia ya que había sido arrestado el 17 de marzo y estuvo retenido en una prisión secreta durante la vida de la Comuna.

Medidas adoptadas por la Comuna

La comuna regresa las herramientas empeñadas a los trabajadores durante el asedio.
A pesar de las diferencias internas, el Consejo tuvo un buen comienzo al mantener los servicios públicos esenciales para una ciudad de dos millones de habitantes; también fue capaz de alcanzar un consenso sobre ciertas políticas que tendían hacia una democracia social progresista más que a una revolución social. Debido a la falta de tiempo (la Comuna pudo reunirse menos de 60 días en total) sólo unos pocos decretos fueron implementados. Estos incluían: remisión de las rentas, que habían sido aumentadas considerablemente por caseros, hasta que se terminase el asedio; la abolición del trabajo nocturno en los cientos de panaderías de París; la abolición de la guillotina; la concesión de pensiones para las viudas de los miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio, así también como para sus hijos; la devolución gratuita de todas las herramientas de los trabajadores, a través de las casas de empeño estatales; se pospusieron las obligaciones de deudas y se abolieron los intereses en las deudas; y, alejándose de los estrictos principios reformistas, el derecho de los empleados a tomar el control de una empresa si fuese abandonada por su dueño.17 18
El Consejo terminó con el alistamiento y reemplazó el ejército convencional con una Guardia Nacional de todos los ciudadanos que podían portar armas. La legislación propuesta separaba la iglesia del estado, hacía que todas las propiedades de la iglesia pasaran a ser propiedad estatal, y excluía la religión de las escuelas. Se les permitió a las iglesias seguir con su actividad religiosa sólo si mantenían sus puertas abiertas al público por la tarde para que se realizasen reuniones políticas. Esto hizo de las iglesias el principal centro político participativo de la Comuna. Otra legislación proyectada trataba de reformas educativas que permitirían que la educación y la práctica técnica fueran disponibles para todo el mundo.
La Comuna adoptó durante su breve existencia el anteriormente descartado Calendario de la I República Francesa, así como la bandera roja en vez de la tricolor.
La carga de trabajo fue facilitada por varios factores, aunque se esperaba de los miembros del Consejo (que no eran «representantes» sino «delegados» y podían ser inmediatamente cambiados por sus electores) que realizasen algunas funciones ejecutivas aparte de las legislativas. Las numerosas organizaciones ad hoc establecidas durante el asedio en los barrios («quartiers») para satisfacer las necesidades sociales (cantinas, estaciones de primeros auxilios, etc.) continuaron creciendo y cooperando con la Comuna.
Al mismo tiempo, estas asambleas locales perseguían sus propias metas, normalmente bajo la dirección de trabajadores locales. A pesar del reformismo formal del Consejo de la Comuna en su conjunto, la actuación comunal era mucho más revolucionaria. Las tendencias revolucionarias predominantes incluían anarquistas, blanquistas, jacobinos e independientes. La Comuna de París ha sido celebrada por anarquistas y socialistas marxistas continuamente hasta la actualidad, en parte debido a la variedad de tendencias, el alto grado de control por parte de los trabajadores y la notable cooperación entre los diferentes bandos revolucionarios.
En el IIIe arrondissement, por ejemplo, se proporcionó material escolar gratuitamente, tres escuelas se transformaron en entidades laicas y se estableció un orfanato. En el XXe arrondissement, se proporcionó a los escolares ropa y comida gratuita. Existieron muchos casos más de este tipo. Pero un ingrediente vital en el relativo éxito de la Comuna en su etapa fue la iniciativa mostrada por trabajadores sencillos en el dominio público, que se las arreglaron para tomar las responsabilidades de los administradores y especialistas removidos por Thiers.
Friedrich Engels, el más cercano colaborador de Marx, mantendría después que la ausencia de un ejército fijo, las políticas autónomas de los «quartiers» y otras características tuvieron como consecuencia que la Comuna no fuese como un Estado en el sentido represivo del término: era una forma de transición en dirección de la abolición del Estado como tal. Su posible desarrollo futuro, sin embargo, seguiría siendo una pregunta teórica: después de solo una semana fue atacada por elementos del nuevo ejército (que incluía antiguos prisioneros de guerra liberados por los prusianos) creado rápidamente en Versalles.

El asalto y la represión

La Comuna fue asaltada desde el 2 de abril por las fuerzas del gobierno del ejército de Versalles y la ciudad fue bombardeada constantemente. La ventaja del gobierno era tal que desde mediados de abril negaron la posibilidad de negociaciones.
La zona exterior de Courbevoie fue capturada, y un intento retrasado de las fuerzas de la Comuna para marchar sobre Versalles fracasó ignominiosamente. La defensa y la supervivencia se transformaron en las principales consideraciones. Las mujeres de la clase trabajadora de París servían en la Guardia Nacional e incluso formaron su propio batallón, con el que más tarde pelearon para defender el Palacio Blanche, pieza fundamental para Montmartre. (Es importante también señalar que incluso bajo el gobierno de la Comuna las mujeres aún no tenían derecho a voto, ni tampoco existían miembros femeninos en el Concilio.)
Una gran ayuda también vino desde la comunidad extranjera de refugiados y exiliados políticos en París: uno de ellos, el polaco ex-oficial y nacionalista Jaroslaw Dombrowski, se convirtió en general destacado de la Comuna. El Concilio estaba influenciado por el internacionalismo, por lo que la Columna Vendôme, que celebraba las victorias de Napoleón I y era considerada por la Comuna como un monumento al chovinismo, fue derribada.
En el extranjero, había reuniones y mensajes de buena voluntad enviados por sindicatos y organizaciones socialistas, incluyendo algunos en Alemania. Pero las esperanzas de obtener ayuda concreta de otras ciudades de Francia fueron pronto abandonadas. Thiers y sus ministros en Versalles se las arreglaron para evitar que saliera de París casi toda la información; y en los sectores provinciales y rurales de Francia había siempre existido una actitud escéptica hacia las actividades de la metrópolis. Los movimientos en Narbonne, Limoges y Marsella fueron rápidamente aplastados.
Mientras la situación se deterioraba, una sección del Concilio ganó una votación (a la que se oponía Eugène Varlin —un corresponsal de Carlos Marx— y otros moderados) para crear un «Comité de Salvación Pública», modelado a imagen del órgano jacobino del mismo nombre formado en 1792. Sus poderes eran extensos. Pero ya casi había pasado la hora en la que una autoridad central fuerte podía haber ayudado.
Prisioneros de la comuna marchando a Versalles (extraído de una revista moderna).
Miembros de la Comuna ejecutados.
El 21 de mayo una puerta en la parte occidental de las murallas de París fue forzada y comenzó la reconquista de la ciudad por parte de las tropas de Versalles, primero ocupando los prósperos distritos occidentales donde fueron bien recibidos por los vecinos que no habían dejado París tras el armisticio.
Las fuertes lealtades locales que habían sido una característica positiva de la Comuna se convirtieron en una cierta desventaja: en lugar de una defensa planeada globalmente, cada «quartier» luchó por su supervivencia y fue derrotado cuando llegó su turno. Las redes de calles estrechas que hicieron inexpugnables distritos enteros en revoluciones anteriores habían sido en gran parte reemplazadas con anchos bulevares.2 Los de Versalles disfrutaban de un mando central y disponían de artillería moderna.
La resistencia más acérrima llegó en los distritos más de clase trabajadora del este, donde la lucha continuó durante ocho días de combates callejeros (La Semaine sanglante, la semana sangrienta). El 27 de mayo sólo quedaban unos pocos focos de resistencia, los más notables los de los más pobres distritos del este de Belleville y Ménilmontant.
Durante el asalto, las tropas del gobierno fueron responsables de la matanza de ciudadanos desarmados: se disparó a los prisioneros que estaban fuera de control y las ejecuciones múltiples fueron algo común. El 27 de mayo, para responder a las matanzas de parisinos por las tropas de Thiers, los comuneros fusilaron a 52 rehenes, entre ellos el arzobispo de París.19
A las cuatro de la tarde del día siguiente cayó la última barricada, en la rue Ramponeau de Belleville, y el mariscal MacMahon lanzó una proclama: «A los habitantes de París. El ejército francés ha venido a salvaros. ¡París está liberada! A las cuatro en punto nuestros soldados tomaron la última posición insurgente. Hoy se ha acabado la lucha. El orden, el trabajo y la seguridad volverán a nacer».
Las represalias comenzaron en serio. Se declaró un crimen haber apoyado a la Comuna en cualquier modo, de lo que se podía acusar —y se acusó— a miles de personas. Varios miles de comuneros fueron fusilados masivamente (de diez en diez) en lo que ahora se llama «El Muro de los Comuneros» en el Cementerio de Père-Lachaise mientras que otros miles de personas fueron llevados a Versalles u otras localidades en las afueras de París, para ser juzgados. Pocos comuneros escaparon, principalmente a través de las líneas prusianas hacia el norte. Durante días columnas de hombres, mujeres y niños hicieron, escoltados por militares, un camino hacia barrios o campos baldíos de Versalles convertidos en prisiones temporales o más bien en campos de concentración. Quizás sean los primeros campos de concentración que registra la Historia [cita requerida]. El gobierno arrestó a aproximadamente 40.000 personas y las persecuciones siguieron hasta 1874.19 Más tarde muchos fueron juzgados y varios condenados a muerte, aunque otros muchos fueron ejecutados sumariamente; otros fueron condenados a trabajos forzados o encarcelados en fortalezas penitenciarias en territorio francés; otros más fueron deportados temporalmente o de por vida a unos penales situados en islas francesas del Pacífico.
Nunca se ha podido establecer de manera segura el número de muertos durante la Semaine sanglante. Algunos testigos, como Prosper-Olivier Lissagaray, autor de una conocida obra sobre la Comuna, señalan que en realidad fueron dos semanas de ejecuciones. Algunas estimaciones son de entre 20.000 y 30.000 parisinos muertos en los combates o ejecutados entre el 3 de abril y el 31 de mayo,19 y muchos más heridos. Según Lissagaray y otros testigos de la época los ejecutados durante las dos semanas sangrientas que siguieron a la toma de París fueron 50.000, sin hacer distinción de edad o sexo. Varios centenares de obreras parisienses, conocidas como «petroleras», fueron también fusiladas en los muros del cementerio de Père Lachaise. Unas 7.000 personas fueron deportadas a penales improvisados en Nueva Caledonia,20 21 como fue el caso de la maestra anarquista Louise Michel. Miles de personas tuvieron que exiliarse.19 Para los presos (sólo algunos centenares) hubo una amnistía general en 1889. En total, las pérdidas del gobierno rondaron los 1000 hombres.19
París estuvo bajo la ley marcial durante cinco años.

Retrospectiva de la Comuna

Detalle del Mur des fédérés (Muro de los federados, de los comuneros), placa en honor a los muertos de la Comuna (cementerio de Père-Lachaise).
La clase acomodada de París, y la mayoría de los antiguos historiadores de la Comuna, vieron aquel hecho como un clásico ejemplo del «dominio de la muchedumbre», terrorífico y al mismo tiempo inexplicable. La mayoría de los actuales historiadores, incluso aquellos de derechas, han reconocido el valor de alguna de las reformas de la Comuna y han deplorado el salvajismo con el que fue reprimida. Sin embargo, han encontrado difícil de explicar el odio sin precedentes que la Comuna despertó en las clases medias y altas de la sociedad. Odio sin justificación contra un gobierno que además de ser grandemente pluralista, no tomó nunca medidas enérgicas contra sus enemigos. Según Lissagaray, mientras la Comuna estaba de fiesta y celebrando sus moderadas reformas, Versalles sólo pensaba en «...desangrar a París».
Por esa misma causa, en las izquierdas, hay quienes han criticado a la Comuna por mostrarse demasiado moderada, especialmente dada la situación política y militar de cerco en la que se encontraba. Carlos Marx encontró agravante que los miembros de la Comuna «perdieran valiosísimos momentos» organizando elecciones democráticas en vez de terminar de una vez por todas con Versalles. El banco nacional de Francia, ubicado en París con la reserva de millones de francos, fue dejado intacto y desprotegido por los miembros de la Comuna. Tímidamente pidieron prestado dinero del banco (que, obviamente, obtuvieron sin ninguna vacilación). Los miembros de la Comuna optaron por no coger los recursos del banco por miedo a que el mundo entero los condenara. De esta manera, se movieron grandes sumas de dinero desde París a Versalles, dinero que terminó por financiar el ejército que dio fin a la Comuna. En el momento de retirada de Thiers y sus generales y tropas, los comuneros y en particular los dirigentes de la Comuna, permitieron que la técnica militar principal de París partiera íntegra hacia Versalles en manos de la reacción, sin intervenirla. La vacilación de tomar esas armas y entregárselas al pueblo fue fatal para la Comuna. Según los socialistas radicales y comunistas, la Comuna tenía que asegurarse la ciudad y el país antes de darle una vida tan idealmente democrática.
Algunos comunistas, izquierdistas, anarquistas y otros simpatizantes han visto a la Comuna como un modelo para, o como base de una sociedad liberal, con un sistema político basado en la democracia participativa como eje de la administración. Marx y Engels, Bakunin y posteriormente Lenin y Trotsky intentaron sacar lecciones teóricas (en particular en lo que concierne a «la marchitación del Estado») desde la limitada experiencia vivida por la Comuna. El crítico Edmond de Goncourt obtuvo una lección más pragmática: tres días después de La Semaine sanglante escribió «... El derramamiento de sangre ha sido total, y un derramamiento de sangre como este, al asesinar la parte rebelde de la población, solo pospone la siguiente revolución... La vieja sociedad tiene por delante 20 años de paz...».
La Comuna de París ha sido parte de las citas de muchos líderes comunistas. Mao se refería a ella con bastante frecuencia. Lenin, junto a Marx, consideraban la Comuna un ejemplo real de la dictadura del proletariado. En su funeral su cuerpo fue envuelto en los restos de una bandera roja preservada desde la Comuna. La nave espacial Vosjod 1 portaba parte de un estandarte de la Comuna de París. También, los Bolcheviques renombraron la nave de combate Sebastopol como «Parizhskaya Kommuna» en honor a la Comuna.
¿Qué pide la Comuna?
El reconocimiento y la consolidación de la República como única forma de gobierno compatible con los derechos del pueblo y con el libre y constante desarrollo de la sociedad.
La autonomía absoluta de la Comuna, que ha de ser válida para todas las localidades de Francia y que garantice a cada municipio la inviolabilidad de sus derechos, así como a todos los franceses el pleno ejercicio de sus facultades y capacidades como seres humanos, ciudadanos y trabajadores.
La autonomía de la Comuna no tendrá más límites que el derecho de autonomía igual para todas las demás comunas adheridas al pacto, cuya alianza garantizará la Unidad francesa.
 
 

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