Comuna de París
La
Comuna de París (en
francés:
La Commune de Paris) fue un breve movimiento
insurreccional que gobernó la ciudad de
París del
18 de marzo al
28 de mayo de
1871, instaurando un proyecto político popular
autogestionario que para algunos autores se asemejó al
anarquismo o al
comunismo.
Tras la derrota y derrumbe del gobierno imperial de
Napoleón III en la
Guerra Franco-Prusiana (1870–71), París fue sometida a un
sitio de más de cuatro meses
(19 de septiembre de 1870 – 28 de enero de 1871), que culminó con la
entrada triunfal de los prusianos -que se retiraron de inmediato- y la
proclamación imperial de
Guillermo I de Alemania en el
Palacio de Versalles.
Debido a que París no aceptaba rendirse, la nueva
Asamblea Nacional y el gobierno provisional de la República, presidido por
Adolphe Thiers, prefirieron instalarse en
Versalles y desde ahí doblegar a la población rebelde. El vacío de poder en París provocó que la milicia ciudadana, la
Guardia Nacional Francesa,
se hiciera de forma efectiva con el poder a fin de asegurar la
continuidad del funcionamiento de la administración de la ciudad. Se
beneficiaron del apoyo y de la participación activa de la población
obrera descontenta, del radicalismo político muy extendido en la capital
que exigía una república democrática, y de la oposición a la más que
probable
restauración de la Monarquía borbónica.
Al intentar el gobierno arrebatarles el control de las baterías de
cañones que habían sido compradas por los parisinos por suscripción
popular para defender la ciudad, estos se alzaron en armas. Ante esta
rebelión, Thiers ordenó a los empleados de la administración evacuar la
capital, y la Guardia Nacional convocó elecciones para el consejo
municipal que fue copado por radicales republicanos y socialistas.
La Comuna (el término
commune designaba y aún designa al
ayuntamiento) gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos
revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus
dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la
laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las
asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de
los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas.
Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza
generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al
asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema
dureza. Tras un mes de combates, el asalto final al casco urbano provocó
una fiera lucha calle por calle, la llamada
Semana Sangrienta (
Semaine sanglante) del 21 al 28 de mayo. El balance final fue de unos 30.000 muertos y el sometimiento de París a la
ley marcial durante cinco años.
Ya que los sucesos de la Comuna de París tuvieron lugar antes del
cisma entre
anarquistas y
marxistas,
ambos movimientos políticos la consideran como propia y la celebran
como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia
de Europa occidental.
Marx
la describió como el primer ejemplo concreto de una dictadura del
proletariado en la que el Estado es tomado por el proletariado, a lo que
Bakunin
respondió que –al no depender de una vanguardia organizada y no haber
arrebatado el poder al Estado francés o intentado crear un estado
revolucionario– la comuna parisina era anarquista.
Trasfondo
18 de marzo 1871: El pueblo insurrecto se hace con los cañones del ejército situados en
Montmartre (Recreación actual).
La revolución puso inesperadamente el poder en manos de la
Guardia Nacional, que había asegurado la defensa de la ciudad durante la guerra, mientras el Gobierno de Defensa Nacional dirigido por
Adolphe Thiers se encontraba refugiado en
Burdeos.
La comuna fue posible gracias a un levantamiento popular de todas las
tendencias republicanas dentro de París después de que la
Guerra Franco-prusiana terminase con
Francia derrotada.
1 La guerra con
Prusia, comenzada por
Napoleón III («Louis Napoleón Bonaparte») en julio de
1870, se desarrolló desastrosamente para Francia, y en septiembre del mismo año tras la derrota en la
Batalla de Sedán, los diputados republicanos derrocaron el Imperio y proclamaron la República.
2 Días después París quedó bajo el asedio del ejército enemigo.
La escasez de comida, sumada al constante bombardeo prusiano, llevó a un descontento general. Desde la
revolución de 1848
la población se había vuelto cada vez más receptiva a ideas
republicanas más radicales. Una demanda específica fue la de que París
debía poseer un gobierno autónomo, con una comuna elegida por la propia
población, algo que ya disfrutaban la mayor parte de las ciudades
francesas, pero que era negado a París por un gobierno temeroso de la
indócil población de la capital. Un deseo más vago pero también
relacionado fue el de un sistema de gestión de la economía más justo, si
no necesariamente un sistema
socialista, resumido en el grito popular de «
la république démocratique et sociale!».
En enero de 1871, cuando ya habían transcurrido 4 meses de asedio,
Louis-Adolphe Thiers, futuro jefe ejecutivo (más tarde presidente) de la
Tercera República Francesa,
1 buscó un armisticio que fue firmado el día 26 en el
Palacio de Versalles, a la espera de que se lograran acuerdos de paz definitivos.
3 El Canciller
Otto von Bismarck, que se había instalado en
Versalles, representaba al
emperador de Alemania:
exigió para París la rendición de las plazas fuertes de las
fortificaciones que rodeaban la capital, el desarme de los soldados que
aseguraban la defensa de la capital, la posibilidad de entrar en París y
el pago de un rescate de 200 millones de francos.
Por aquel tiempo más de 200.000 parisinos eran miembros armados de la «
Guardia Nacional»,
una milicia de ciudadanos dedicada al mantenimiento del orden público
en tiempos de paz, pero que desde septiembre de 1870 se había expandido
mucho (de 60 a 254 batallones) para ayudar a defender la ciudad. Los
batallones elegían a sus propios oficiales y poseían algunos cañones que
habían sido fabricados en París y pagados por suscripción pública. La
ciudad y su Guardia Nacional habían resistido el ataque de las tropas
prusianas durante seis meses, por lo que la población de París
consideraba humillante tanto la rendición como la ocupación.
En el mes de febrero, 2000 delegados de la federación de los
batallones de la Guardia Nacional eligieron un «Comité Central» que votó
nuevos estatutos para reorganizar la Guardia y aprobó que no se
dejarían desarmar por el gobierno, llamando a las principales ciudades
francesas a que les imitaran. Las tropas prusianas tenían previsto
entrar simbólicamente en París el 1 de marzo, dejando a Thiers que se
encargara de la rendición de la capital. La víspera, el 28 de febrero,
el comité de la Guardia Nacional mandó pegar en todo París el «Cartel
negro» (
Affiche noire), un cartel bordeado de negro en señal de
luto recomendando a los parisinos que no salieran de sus casas y
evitaran todo altercado o manifestación. El día 1 de marzo el ejército
prusiano desfiló en una ciudad desierta, limitándose a los distritos
XVI,
XVII y
VIII. La abandonaron el mismo día sin ningún incidente.
Días antes de que los prusianos entraran en París, la Guardia
Nacional, ayudada por civiles, había puesto los cañones (que
consideraban de su propiedad) a salvo de los prusianos y los había
almacenado en distritos seguros situados en las colinas de
Montmartre y
Belleville, en los límites de la ciudad. El principal «parque de cañones» estaba en las alturas de Montmartre.
Mientras tanto las
elecciones legislativas del 8 de febrero,
destinadas a sustituir el Gobierno de Defensa Nacional, habían dado a
la Asamblea Nacional una mayoría monárquica (dividida entre
legitimistas y
orleanistas)
seguida de los republicanos conservadores, todos partidarios de firmar
la paz. En París, el voto fue mayoritariamente republicano radical,
encabezando las listas de diputados
Louis Blanc,
Víctor Hugo,
Léon Gambetta y
Giuseppe Garibaldi.
Por el Pacto de Burdeos, Thiers aseguró a la Asamblea que su gobierno
se iba a dedicar a levantar el país, y que de momento no se plantearía
el tipo de régimen a adoptar para Francia, dejando de lado la
instauración de la República a petición de los monárquicos,
bonapartistas y representantes de la alta burguesía.
4
El alzamiento y naturaleza de la Comuna
Guardias nacionales en una barricada de Belleville, el 18 de marzo de 1871.
Instauración de la Comuna
Pero París continuaba cercada mientras el problema de las
indemnizaciones de la guerra afectaba gravemente a la población. El 3 de
marzo una asamblea de los delegados de la Guardia Nacional eligió un
Comité ejecutivo provisional de 32 miembros que prometió defender la
República.
5 El mismo día el gobierno de Thiers nombró comandante jefe de la Guardia Nacional al general monárquico
Louis d'Aurelle de Paladines, que había apoyado militarmente el golpe de Estado de
Napoleón III del 2 de diciembre de 1852.
6 Ante lo que se interpretaba como una provocación, la prensa y el pueblo protestaron
7 y el Comité Central lo rechazó y lo ignoró.
8
El 10 de marzo, la Asamblea Legislativa y el gobierno se trasladaron de
Burdeos a Versalles, pero Thiers decidió residir en París.
Las primeras medidas aprobadas por la nueva Asamblea confirmaron las
inquietudes de la población, recordándoles las medidas impopulares
impulsadas por Thiers durante la
II República
en 1848: el 10 de marzo suprime la moratoria sobre letras de pago,
alquileres y deudas que han de pagarse casi inmediatamente, lo que aboca
en París a 300.000 obreros, pequeños talleres y tiendas a la quiebra.
9 Suprime el salario de los guardias nacionales, dejando a miles de familias sin recursos.
10 El general
Vinoy,
recién nombrado comandante jefe del ejército en París, prohíbe seis
periódicos republicanos, de los que 4 tenían cada uno una tirada de más
de 200.000 ejemplares
11 y manda condenar a muerte en ausencia a
Gustave Flourens y
Auguste Blanqui por su participación en la revuelta de octubre de 1870.
12
Al mismo tiempo que el Comité Central de la Guardia Nacional estaba
adoptando una posición cada vez más radical y ganando firmemente
autoridad, el gobierno no podía permitirle indefinidamente tener 400
cañones y ametralladoras a su disposición. Y así, como primer paso, al
alba del 18 de marzo Thiers ordenó a sus tropas tomar los cañones
almacenados en los altos de
Montmartre,
Belleville y en el
Parque des Buttes-Chaumont.
13
En Belleville y en Montmartre, los residentes avisados a toque de
campana se precipitaron para interponerse, mujeres a la cabeza: en vez
de seguir las instrucciones, los soldados fraternizaron con la Guardia
Nacional y la población. En Montmartre, cuando su general,
Claude Martin Lecomte,
les ordenó disparar a una muchedumbre desarmada, le apearon de su
caballo. En contra de la opinión de los miembros del comité del
distrito, fue fusilado en el mismo barrio junto con el General Clément
Thomas, un antiguo comandante de la Guardia Nacional, responsable de la
represión durante la rebelión popular en junio de 1848.
14 El 18 de marzo marca oficialmente el inicio del gobierno de la Comuna.
Otras unidades armadas se unieron a la rebelión, que se esparció tan
rápidamente que el Jefe del ejecutivo Thiers ordenó la evacuación
inmediata de París de las fuerzas regulares que aún le seguían siendo
leales, tales como la policía y los empleados de todas las
administraciones públicas. Él mismo huyó, a la cabeza de sus hombres, a
Versalles.
15
Según Thiers, 100.000 parisinos abandonaron la capital. En los días
siguientes, la mayoría de los habitantes de los barrios residenciales
del oeste de París (el XVI y el XVII), tradicionalmente conservadores,
se refugiaron en Versalles. El Comité Central de la guardia nacional era
ahora el único gobierno efectivo en París: casi inmediatamente renunció
a su autoridad y organizó elecciones para una comuna, propuestas para
el 26 de marzo.
16
La Comuna de París fue constituida el 28 de marzo. Los 92 miembros
del «Consejo Comunal» incluían obreros, artesanos, pequeños
comerciantes, profesionales (tales como médicos y periodistas), y un
gran número de políticos. Abarcaban todas las tendencias republicanas:
desde republicanos reformistas y moderados, socialistas,
anarquistas,
proudhonianos,
blanquistas e independientes, hasta
jacobinos que tendían a mirar nostálgicamente la
Revolución francesa. El socialista
Auguste Blanqui
fue elegido presidente del Consejo, pero esto ocurrió en su ausencia ya
que había sido arrestado el 17 de marzo y estuvo retenido en una
prisión secreta durante la vida de la Comuna.
Medidas adoptadas por la Comuna
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La comuna regresa las herramientas empeñadas a los trabajadores durante el asedio.
A pesar de las diferencias internas, el Consejo tuvo un buen comienzo
al mantener los servicios públicos esenciales para una ciudad de dos
millones de habitantes; también fue capaz de alcanzar un consenso sobre
ciertas políticas que tendían hacia una democracia social progresista
más que a una revolución social. Debido a la falta de tiempo (la Comuna
pudo reunirse menos de 60 días en total) sólo unos pocos decretos fueron
implementados. Estos incluían: remisión de las rentas, que habían sido
aumentadas considerablemente por caseros, hasta que se terminase el
asedio; la abolición del trabajo nocturno en los cientos de panaderías
de París; la abolición de la
guillotina;
la concesión de pensiones para las viudas de los miembros de la Guardia
Nacional muertos en servicio, así también como para sus hijos; la
devolución gratuita de todas las herramientas de los trabajadores, a
través de las casas de empeño estatales; se pospusieron las obligaciones
de deudas y se abolieron los intereses en las deudas; y, alejándose de
los estrictos principios reformistas, el derecho de los empleados a
tomar el control de una empresa si fuese abandonada por su dueño.
17 18
El Consejo terminó con el
alistamiento
y reemplazó el ejército convencional con una Guardia Nacional de todos
los ciudadanos que podían portar armas. La legislación propuesta
separaba la iglesia del estado, hacía que todas las propiedades de la
iglesia pasaran a ser propiedad estatal, y excluía la religión de las
escuelas. Se les permitió a las iglesias seguir con su actividad
religiosa sólo si mantenían sus puertas abiertas al público por la tarde
para que se realizasen reuniones políticas. Esto hizo de las iglesias
el principal centro político participativo de la Comuna. Otra
legislación proyectada trataba de reformas educativas que permitirían
que la educación y la práctica técnica fueran disponibles para todo el
mundo.
La Comuna adoptó durante su breve existencia el anteriormente descartado
Calendario de la I República Francesa, así como la
bandera roja en vez de la
tricolor.
La carga de trabajo fue facilitada por varios factores, aunque se
esperaba de los miembros del Consejo (que no eran «representantes» sino
«delegados» y podían ser inmediatamente cambiados por sus electores) que
realizasen algunas funciones ejecutivas aparte de las legislativas. Las
numerosas organizaciones
ad hoc establecidas durante el asedio
en los barrios («quartiers») para satisfacer las necesidades sociales
(cantinas, estaciones de primeros auxilios, etc.) continuaron creciendo y
cooperando con la Comuna.
Al mismo tiempo, estas asambleas locales perseguían sus propias
metas, normalmente bajo la dirección de trabajadores locales. A pesar
del reformismo formal del Consejo de la Comuna en su conjunto, la
actuación comunal era mucho más revolucionaria. Las tendencias
revolucionarias predominantes incluían
anarquistas,
blanquistas,
jacobinos e independientes. La Comuna de París ha sido celebrada por anarquistas y socialistas
marxistas
continuamente hasta la actualidad, en parte debido a la variedad de
tendencias, el alto grado de control por parte de los trabajadores y la
notable cooperación entre los diferentes bandos revolucionarios.
En el
IIIe arrondissement, por ejemplo, se proporcionó material escolar gratuitamente, tres escuelas se transformaron en entidades
laicas y se estableció un orfanato. En el
XXe arrondissement,
se proporcionó a los escolares ropa y comida gratuita. Existieron
muchos casos más de este tipo. Pero un ingrediente vital en el relativo
éxito de la Comuna en su etapa fue la iniciativa mostrada por
trabajadores sencillos en el dominio público, que se las arreglaron para
tomar las responsabilidades de los administradores y especialistas
removidos por Thiers.
Friedrich Engels, el más cercano colaborador de
Marx,
mantendría después que la ausencia de un ejército fijo, las políticas
autónomas de los «quartiers» y otras características tuvieron como
consecuencia que la Comuna no fuese como un
Estado
en el sentido represivo del término: era una forma de transición en
dirección de la abolición del Estado como tal. Su posible desarrollo
futuro, sin embargo, seguiría siendo una pregunta teórica: después de
solo una semana fue atacada por elementos del nuevo ejército (que
incluía antiguos prisioneros de guerra liberados por los prusianos)
creado rápidamente en
Versalles.
El asalto y la represión
La Comuna fue asaltada desde el 2 de abril por las fuerzas del gobierno del
ejército de Versalles
y la ciudad fue bombardeada constantemente. La ventaja del gobierno era
tal que desde mediados de abril negaron la posibilidad de
negociaciones.
La zona exterior de
Courbevoie
fue capturada, y un intento retrasado de las fuerzas de la Comuna para
marchar sobre Versalles fracasó ignominiosamente. La defensa y la
supervivencia se transformaron en las principales consideraciones. Las
mujeres de la clase trabajadora de París servían en la Guardia Nacional e
incluso formaron su propio batallón, con el que más tarde pelearon para
defender el
Palacio Blanche,
pieza fundamental para Montmartre. (Es importante también señalar que
incluso bajo el gobierno de la Comuna las mujeres aún no tenían derecho a
voto, ni tampoco existían miembros femeninos en el Concilio.)
Una gran ayuda también vino desde la comunidad extranjera de refugiados y exiliados políticos en París: uno de ellos, el
polaco ex-oficial y nacionalista
Jaroslaw Dombrowski, se convirtió en general destacado de la Comuna. El Concilio estaba influenciado por el internacionalismo, por lo que la
Columna Vendôme, que celebraba las victorias de
Napoleón I y era considerada por la Comuna como un monumento al
chovinismo, fue derribada.
En el extranjero, había reuniones y mensajes de buena voluntad
enviados por sindicatos y organizaciones socialistas, incluyendo algunos
en
Alemania.
Pero las esperanzas de obtener ayuda concreta de otras ciudades de
Francia fueron pronto abandonadas. Thiers y sus ministros en Versalles
se las arreglaron para evitar que saliera de París casi toda la
información; y en los sectores provinciales y rurales de Francia había
siempre existido una actitud escéptica hacia las actividades de la
metrópolis. Los movimientos en
Narbonne,
Limoges y
Marsella fueron rápidamente aplastados.
Mientras la situación se deterioraba, una sección del Concilio ganó
una votación (a la que se oponía Eugène Varlin —un corresponsal de
Carlos Marx— y otros moderados) para crear un «
Comité de Salvación Pública», modelado a imagen del órgano jacobino del mismo nombre formado en
1792. Sus poderes eran extensos. Pero ya casi había pasado la hora en la que una autoridad central fuerte podía haber ayudado.
Prisioneros de la comuna marchando a Versalles (extraído de una revista moderna).
Miembros de la Comuna ejecutados.
El 21 de mayo una puerta en la parte occidental de las murallas de
París fue forzada y comenzó la reconquista de la ciudad por parte de las
tropas de Versalles, primero ocupando los prósperos distritos
occidentales donde fueron bien recibidos por los vecinos que no habían
dejado París tras el armisticio.
Las fuertes lealtades locales que habían sido una característica
positiva de la Comuna se convirtieron en una cierta desventaja: en lugar
de una defensa planeada globalmente, cada «quartier» luchó por su
supervivencia y fue derrotado cuando llegó su turno. Las redes de calles
estrechas que hicieron inexpugnables distritos enteros en revoluciones
anteriores habían sido en gran parte reemplazadas con anchos
bulevares.
2 Los de Versalles disfrutaban de un mando central y disponían de artillería moderna.
La resistencia más acérrima llegó en los distritos más de clase
trabajadora del este, donde la lucha continuó durante ocho días de
combates callejeros (
La Semaine sanglante, la semana sangrienta).
El 27 de mayo sólo quedaban unos pocos focos de resistencia, los más
notables los de los más pobres distritos del este de
Belleville y
Ménilmontant.
Durante el asalto, las tropas del gobierno fueron responsables de la
matanza de ciudadanos desarmados: se disparó a los prisioneros que
estaban fuera de control y las ejecuciones múltiples fueron algo común.
El 27 de mayo, para responder a las matanzas de parisinos por las tropas
de
Thiers, los comuneros fusilaron a 52 rehenes, entre ellos el arzobispo de París.
19
A las cuatro de la tarde del día siguiente cayó la última barricada, en la rue Ramponeau de Belleville, y el
mariscal MacMahon
lanzó una proclama: «A los habitantes de París. El ejército francés ha
venido a salvaros. ¡París está liberada! A las cuatro en punto nuestros
soldados tomaron la última posición insurgente. Hoy se ha acabado la
lucha. El orden, el trabajo y la seguridad volverán a nacer».
Las represalias comenzaron en serio. Se declaró un crimen haber
apoyado a la Comuna en cualquier modo, de lo que se podía acusar —y se
acusó— a miles de personas. Varios miles de comuneros fueron fusilados
masivamente (de diez en diez) en lo que ahora se llama «
El Muro de los Comuneros» en el
Cementerio de Père-Lachaise
mientras que otros miles de personas fueron llevados a Versalles u
otras localidades en las afueras de París, para ser juzgados. Pocos
comuneros escaparon, principalmente a través de las líneas prusianas
hacia el norte. Durante días columnas de hombres, mujeres y niños
hicieron, escoltados por militares, un camino hacia barrios o campos
baldíos de Versalles convertidos en prisiones temporales o más bien en
campos de concentración. Quizás sean los primeros campos de
concentración que registra la Historia
[cita requerida]. El gobierno arrestó a aproximadamente 40.000 personas y las persecuciones siguieron hasta 1874.
19
Más tarde muchos fueron juzgados y varios condenados a muerte, aunque
otros muchos fueron ejecutados sumariamente; otros fueron condenados a
trabajos forzados
o encarcelados en fortalezas penitenciarias en territorio francés;
otros más fueron deportados temporalmente o de por vida a unos penales
situados en islas francesas del Pacífico.
Nunca se ha podido establecer de manera segura el número de muertos durante la
Semaine sanglante. Algunos testigos, como
Prosper-Olivier Lissagaray,
autor de una conocida obra sobre la Comuna, señalan que en realidad
fueron dos semanas de ejecuciones. Algunas estimaciones son de entre
20.000 y 30.000 parisinos muertos en los combates o ejecutados entre el 3
de abril y el 31 de mayo,
19
y muchos más heridos. Según Lissagaray y otros testigos de la época los
ejecutados durante las dos semanas sangrientas que siguieron a la toma
de París fueron 50.000, sin hacer distinción de edad o sexo. Varios
centenares de obreras parisienses, conocidas como «petroleras», fueron
también fusiladas en los muros del cementerio de Père Lachaise. Unas
7.000 personas fueron deportadas a penales improvisados en
Nueva Caledonia,
20 21 como fue el caso de la maestra anarquista
Louise Michel. Miles de personas tuvieron que exiliarse.
19 Para los presos (sólo algunos centenares) hubo una amnistía general en
1889. En total, las pérdidas del gobierno rondaron los 1000 hombres.
19
París estuvo bajo la
ley marcial durante cinco años.
Retrospectiva de la Comuna
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Detalle del Mur des fédérés (Muro de los federados, de los comuneros), placa en honor a los muertos de la Comuna (cementerio de Père-Lachaise).
La clase acomodada de París, y la mayoría de los antiguos
historiadores de la Comuna, vieron aquel hecho como un clásico ejemplo
del «dominio de la muchedumbre», terrorífico y al mismo tiempo
inexplicable. La mayoría de los actuales historiadores, incluso aquellos
de
derechas,
han reconocido el valor de alguna de las reformas de la Comuna y han
deplorado el salvajismo con el que fue reprimida. Sin embargo, han
encontrado difícil de explicar el odio sin precedentes que la Comuna
despertó en las clases medias y altas de la sociedad. Odio sin
justificación contra un gobierno que además de ser grandemente
pluralista, no tomó nunca medidas enérgicas contra sus enemigos. Según
Lissagaray, mientras la Comuna estaba de fiesta y celebrando sus
moderadas reformas, Versalles sólo pensaba en «...desangrar a París».
Por esa misma causa, en las
izquierdas,
hay quienes han criticado a la Comuna por mostrarse demasiado moderada,
especialmente dada la situación política y militar de cerco en la que
se encontraba.
Carlos Marx
encontró agravante que los miembros de la Comuna «perdieran
valiosísimos momentos» organizando elecciones democráticas en vez de
terminar de una vez por todas con Versalles. El banco nacional de
Francia, ubicado en París con la reserva de millones de
francos,
fue dejado intacto y desprotegido por los miembros de la Comuna.
Tímidamente pidieron prestado dinero del banco (que, obviamente,
obtuvieron sin ninguna vacilación). Los miembros de la Comuna optaron
por no coger los recursos del banco por miedo a que el mundo entero los
condenara. De esta manera, se movieron grandes sumas de dinero desde
París a Versalles, dinero que terminó por financiar el ejército que dio
fin a la Comuna. En el momento de retirada de Thiers y sus generales y
tropas, los comuneros y en particular los dirigentes de la Comuna,
permitieron que la técnica militar principal de París partiera íntegra
hacia Versalles en manos de la reacción, sin intervenirla. La vacilación
de tomar esas armas y entregárselas al pueblo fue fatal para la Comuna.
Según los socialistas radicales y comunistas, la Comuna tenía que
asegurarse la ciudad y el país antes de darle una vida tan idealmente
democrática.
Algunos
comunistas,
izquierdistas,
anarquistas
y otros simpatizantes han visto a la Comuna como un modelo para, o como
base de una sociedad liberal, con un sistema político basado en la
democracia participativa como eje de la administración. Marx y
Engels,
Bakunin y posteriormente
Lenin y
Trotsky intentaron sacar lecciones teóricas (en particular en lo que concierne a «la marchitación del
Estado») desde la limitada experiencia vivida por la Comuna. El crítico
Edmond de Goncourt obtuvo una lección más pragmática: tres días después de
La Semaine sanglante escribió «
...
El derramamiento de sangre ha sido total, y un derramamiento de sangre
como este, al asesinar la parte rebelde de la población, solo pospone la
siguiente revolución... La vieja sociedad tiene por delante 20 años de
paz...».
La Comuna de París ha sido parte de las citas de muchos líderes comunistas.
Mao se refería a ella con bastante frecuencia. Lenin, junto a Marx, consideraban la Comuna un ejemplo real de la dictadura del
proletariado. En su funeral su cuerpo fue envuelto en los restos de una
bandera roja preservada desde la Comuna. La nave espacial
Vosjod 1 portaba parte de un estandarte de la Comuna de París. También, los
Bolcheviques renombraron la nave de combate
Sebastopol como «
Parizhskaya Kommuna» en honor a la Comuna.
¿Qué pide la Comuna?
El reconocimiento y la consolidación de la República como única forma
de gobierno compatible con los derechos del pueblo y con el libre y
constante desarrollo de la sociedad.
La autonomía absoluta de la Comuna, que ha de ser válida para todas
las localidades de Francia y que garantice a cada municipio la
inviolabilidad de sus derechos, así como a todos los franceses el pleno
ejercicio de sus facultades y capacidades como seres humanos, ciudadanos
y trabajadores.
La autonomía de la Comuna no tendrá más límites que el derecho de
autonomía igual para todas las demás comunas adheridas al pacto, cuya
alianza garantizará la Unidad francesa.